Foro sobre historia disidente de la Version Oficial y foro sobre neoruralidad y la Revolucion Integral inspirada en los estudios de Felix Rodrigo Mora.

Argumentos en contra de la teoria no invasionista de Olagüe

Presentacion y de discusion general.
Resumen del argumentario antiinvasionista y discusión.
Critica de las fuentes, cuestiones militares, situacion de los conflictos religiosos concomitantes -especialmente en Hispania-, o como se creó la leyenda del poderio árabe y como eso enmascaró la verdadera naturaleza del proceso historico que se estaba desarrollando.

Moderadores: 711, Historia, Ann.Onime

Argumentos en contra de la teoria no invasionista de Olagüe

Notapor 711 » 2010 05 29, 8:09

Para que no se vea que no somos imparciales o sectarios, aqui se admite la replica y la argumentacion invasionista, por que lo unico que nos interesa es la verdad, y no se nos caeran los anillos por tener que aceptar que estabamos equivocados. El saber es mas importante que el tener razon o no. tomado de http://salvadorjafer.net/xarqand/histor ... arabe1.htm

"Salvador Jàfer i Sanxis
...
Veo que habéis puesto en la red el libro de Ignacio Olagüe: La revolución islámica en Occidente, un texto al que no he tenido acceso hasta ahora y que pienso leer con detención. Si bien no soy historiador sino un simple apasionado por las cosas de Al-Andalus, pienso que habría que dar cabida también a opiniones de otros historiadores, de la talla de Pierre Guichard, por ejemplo, para poder contrastar diferentes visiones sobre la aparición del islam andalusí y el papel que jugaron las gentes árabes y bereberes en su difusión. De vuestra visión parece desprenderse: a. Que el islam andalusí (el adjetivo 'español' no me gusta) nació como evolución espontánea del cristianismo hispánico unitario anterior al siglo VIII, o por lo menos, lo favoreció; b. Que no hubo participación árabe en la conquista de la península; c. Que algunos elementos culturales y artísticos (como el arco de herradura, p.e.) ya existían en la cultura hispánica preislámica.

Sobre el primer punto es posible que llevéis parte de razón y que el cristianismo unitario arriano haya contribuído al arraigo del islam en el territorio peninsular. Sobre la idea de que determinados elementos culturales y artísticos ya existían en la Hispania preislámica, también admito que es una idea acceptable. Pero donde veo falta de objetividad es en el tratamiento "shu'ubista" que le dais a la presencia de gentes árabes tanto en la fase de conquista, invasión, ósmosis o como querais llamarle, como en todo el período histórico que cubre la denominación Al-Andalus, minorizando o relegando cualquier tipo de aportación cultural, étnica, lingüística que de los árabes venga. A este paso se puede volver a recristianizar el islam andalusí, como ya hiciera Asín Palacios!

Precisamente estos días estaba hojeando la obra del historiador Pierre Guichard, Al-Andalus. Estructura antropológica de una sociedad islámica en Occidente. Barcelona. Barral Editores. 1976 (publicada en edición facsímil, con un estudio preliminar de Antonio Malpica Cuello, Universidad de Granada, 1995). En dicho estudio preliminar A. Malpica comenta la polémica que enfrentó a Olagüe con Guichard en los años 70 a propósito del libro que publicais en Webislam.

Dice A. Malpica (págs. 14-15 del estudio preliminar): "Queda de manifiesto, pues, que tanto los arabistas como los medievalistas se dedicaban a un trabajo en el que la nota dominante era la consideración de al-Andalus como un fenómeno epidérmico. Incluso se puede decir que éstos esgrimían un carácter de superioridad del mundo occidental y cristiano, que no se consideraba tampoco feudal, frente al árabe. Mientras tanto los dedicados a ése examinaban su cultura como si [de] un elemento exótico se tratase, sin esgrimir argumentos de tipo histórico.

En ese contexto, aparte de los trabajos que estaban en curso de realización y daba muestras de una concepción nueva, se produjo la aparición de una obra llamada a tener una especial incidencia por su influencia en nuestro panorama intelectual. Fue en 1969 cuando se publicó el libro de Ignacio Olagüe, en francés [Ignacio Olagüe. Les Arabes n'ont jamais envahi l'Espagne. París. 1969], posteriormente traducido al español [I. Olagüe. La revolución islámica en Occidente. Barcelona. 1974]. En él se defendía que la invasión árabe no existió en cuanto tal, sino que los hispanos se convirtieron, en medio de una profunda crisis política y religiosa, al Islam, al que consideraba una variante de las doctrinas de unicidad, frente a las trinitarias. La verdadera adscripción a la cultura islámica vino dada con la invasión almorávide, esta vez real. Fue entonces cuando, al decir de Olagüe, se inventaron los relatos en que se señalaba que la invasión árabe existió.

“Muchas veces he hablado con Pierre Guichard sobre este tema. Siempre ha mostrado su extrañeza de que los intelectuales españoles, mayoritariamente de izquierdas en aquellas fechas, viesen con simpatías esas teorías, que, indudablemente, son sencillamente un disparate. La explicación no está precisamente en la argumentación final, sino en la aparente novedad de la exposición. De este modo, el Islam aparecía como una cultura que podía conquistar sin violencia, en contra de la trinitaria y ortodoxa de Occidente. Pero ni siquiera eso, porque ciertamente lo que llamaba la atención era la iconoclastia frente a una historiografia tradicionalista que se ocupaba con un empeño febril en mostrar cómo y dónde fue la batalla entre los árabes y las tropas visigodas."

Como respuesta, P. Guichard publicó un trabajo importante donde contradecía la obra de Olagüe: "Les Arabes ont bien envahi l'Espagne". Annales E.S.C., núm. 6 (noviembre-diciembre, 1974), que fue traducido al español: "Los Árabes sí que invadieron España. Las estructuras sociales de la España musulmana", enEstudios sobre Historia Medieval, Valencia, 1987, págs. 27-71. Y sigue explicando A. Malpica en su estudio preliminar (pág. 26): "En su artículo ya citado 'Los árabes sí que invadieron España', Pierre Guichard, en 1974, el mismo año en que salió en español su libro Al-Andalus, pone de relieve los aspectos más esenciales de su tesis. En la parte final afirma: 'las estructuras de las dos sociedades presentes en la época de la conquista de España diferían profundamente..'. Y concluye: 'resulta que el dinamismo de la sociedad conquistadora era superior al de la sociedad conquistada y que, incluso aparte de las normas jurídico-sociales impuestas por el Islam y de los aportes culturales vehiculados por éste, formas sociales extrañas a la tradición indígena se implantaron en la península, se difundieron y contibuyeron a la elaboración de la civilización andalusí'."

Con estas citas sólo pretendo llamar la atención sobre el fenómeno de la arabización y berberización de Hispania como un hecho muy a tener en cuenta para comprender el Islam andalusí y su civilización. Sin árabes y sin bereberes posiblemente Hispania no se hubiese islamizado ni arabizado, tanto como para dar lugar a una cultura arabófona singular y especial dentro del contexto panislámico. Por lo tanto, no cabe menospreciar ninguno de los aportes a la cultura andalusí: ni el árabe (étnico y lingüístico), ni el bereber, ni el judío, ni el hispano-romano, ni el visigótico. Posiblemente en el futuro, cuando los estudios históricos sobre las genealogías árabes y bereberes, hayan avanzado suficientemente, podremos dilucidar en qué grado intervinieron esos elementos humanos en la cultura andalusí. De momento, hay que dejar trabajar a los historiadores y leerlos con la mente y con el corazón."
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Re: Argumentos en contra de la teoria no invasionista de Ola

Notapor 711 » 2010 05 29, 8:23

711 escribió:tomado de http://salvadorjafer.net/xarqand/histor ... arabe1.htm

"Salvador Jàfer i Sanxis
... Pero donde veo falta de objetividad es en el tratamiento "shu'ubista" que le dais a la presencia de gentes árabes tanto en la fase de conquista, invasión, ósmosis o como querais llamarle, como en todo el período histórico que cubre la denominación Al-Andalus, minorizando o relegando cualquier tipo de aportación cultural, étnica, lingüística que de los árabes venga.


En realidad Olagüe no afirma tal cosa. Lo árabe y su cultura llega de la misma manera en que llegó a muchos otros lugares: el comercio, a traves de barcos comerciales, por sus puertos, como habia sucedido con fenicios, griegos, cartagineses siglos antes. Hispania entonces también se impregnó y adoptó rasgos de aquellas culturas, religion, tecnicas, vestuario, lengua... Tartesos por ejemplo, es una cultura orientalizada, pero tambien autoctona. Su simbolo, la estrella tartesica, es en realidad de medio oriente. Recientemente se ha descubierto una estructura militar en Murcia de planta y estrutura absolutamente oriental, construida mucho antes que la llegada de los musulmanes dogmaticos poco antes del año 1000. ¿Cómo llegaron aqui?. Como siempre! por el mar!, por el estrecho!

En Hispania, concretamente en la zona mediterranea, la cultura griega y cartaginesa tuvo gran expansion. Que no es oriental en Hispania, al fin y al cabo? Solo la cultura celta, romana y "barbara", lo demas: judaismo, cristianismo, es absolutamente oriental -que a veces lo olvidamos-. Y eso sucedia mucho antes del islam.

El oriente siguió influenciando Hispania, y como trajo el judaismo y el crsitianismo -que entró por las sinagogas judias-, trajo también siglos despues el árabe, sus costumbres, su religion, adoptada primero por las clases altas y comerciales, y luego siendo asumida por las demas clases por que lo latino, lo romano y lo bizantino, lo cristiano era ya caduco y anticuado, y por que religiosamente Hispania estaba mas en la orbita del unitarismno islamico que en trinitarismo romano -algo que la opinion oficial ha tratado de negar siempre-.

Como ademas las denominaciones, toponimia y sentencias oficiales eran dadas desde el poder, si este ya se habia arabizado, transmitia a todo lo demas, oficialmente, el caracter de la nueva cultura, aunque fuera una minoria infima quien la imponia. Asi los nombres de poblaciones pasaban a denominarse en árabe, no por que sus habitantes fueran árabes, si no por que las autoridades asi lo exigian y asi se oficializaba. Ejemplo: hoy en dia los nombres de ciudades, calles y sitios se catalanizaron en Cataluña, practicamente de un dia para otro: Lérida es Lleida, Gerona es Girona... En unos años el personal ya se ha acostumbrado y asumido, y la vida sigue. La gente es hispana, hablan la jerga latina que sepan, aprenden un poco de arabe y van substituyendo su pobre latin por el árabe, y sus pueblos son ahora denominados en arabe. Nada extraño o nuevo bajo el sol hispano!. En el siglo VII y VIII esa presencia cultural se intensifica por la decadencia de la romana y su imperio. El nicho cultura en decadencia o abandonado es ocupado rapidamente por la arabe, aunque con muy poca presencia fisica árabe.

Y esto no se dice por que tengamos aversion a lo árabe xenofobia o desprecio, como falazmente o facilmente se quiere hacer ver, si no por que es lo que nos parece estudiando el periodo. Justificaria esa aversion un deseo nacional español o incluso andalucista de corte no musulman, o no arabico, pero no. Aqui esas consideraciones no nos interesan. Solo las meramente historicas. Si a alguien les aprovecha ya no es problema nuestro, desde luego.

... Dice A. Malpica: “... "


Pues Olagúe aporta muy abundante y buena informacion acerca de ello!: Podeis verlo estudiando en el resumen de sus ideas aqui, en el foro.
Sus detractores se ocuparon poco en rebatirle, despachandole con poca artilleria, subestimando su trabajo, eludiendole mas bien. Y es que Olagüe les ponia todo patas arriba!. ¿Celos profesionales mas que celo historiografico?. Quien lee a uno y otro se da cuenta pronto de por donde van los tiros.

En realidad no dice absolutamente nada, salvo dejar claro que lo que Olagüe afirmaba era una insensatez... aunque tampoco nos dice por que, ja ja ja Es muy tipico esto. Les basta con su autoridad como especialistas. Como Papas impartiendo bulas.

En fin, la critica a Olagüe va toda por el mismo tenor: eludirle y reafirmarse en sus tesis invasionistas y abandonar el campo displicentemente bajo la premisa de que la Autoridad Competente ya ha dictado sentencia: "los arabes nos invadieron", y no hay mas que discutir.

Pues va a ser que no!
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Re: Argumentos en contra de la teoria no invasionista de Ola

Notapor Historia » 2010 06 20, 5:32

711 escribió:tomado de http://salvadorjafer.net/xarqand/histor ... arabe1.htm

En ese contexto, aparte de los trabajos que estaban en curso de realización y daba muestras de una concepción nueva, se produjo la aparición de una obra llamada a tener una especial incidencia por su influencia en nuestro panorama intelectual. Fue en 1969 cuando se publicó el libro de Ignacio Olagüe, en francés [Ignacio Olagüe. Les Arabes n'ont jamais envahi l'Espagne. París. 1969], posteriormente traducido al español [I. Olagüe. La revolución islámica en Occidente. Barcelona. 1974]. En él se defendía que la invasión árabe no existió en cuanto tal, sino que los hispanos se convirtieron, en medio de una profunda crisis política y religiosa, al Islam, ...

Como respuesta, P. Guichard publicó un trabajo importante donde contradecía la obra de Olagüe: .... En la parte final afirma: 'las estructuras de las dos sociedades presentes en la época de la conquista de España diferían profundamente..'.

Y tanto que diferian!: por un lado los unitaristas: cristianos arrianos, o post-arrianos, judios, nestorianos, gnosticos, etc... muchos de los cuales mantenian costumbres como la poligamia, con sus legislacion poligamica, frente a los catolicos, politeistas a los ojos de los unitaristas, deseosos de implantar su credo a TODA la poblacion con la ayuda de ciertos clanes godos, de tradicion monogama, con leyes monogamas aplicadas. Si, eran dos civilizaciones casi. Si a eso le añadimos que unos se mantenian dentro de un seguimiento de la tradicion romana y los unitaristas se inclinaban cada vez mas hacia la influencia cultural oriental y arabe... pues ya tenemos mas facil lo de dos tipos de sociedad enfrentadas. Aunque mas intolerante y dogmatica era la catolica, sin duda, empeñada en salirse con la suya. Los unitaristas eran bastante mas laxos y relajados con los no unitaristas.


Y concluye: 'resulta que el dinamismo de la sociedad conquistadora era superior al de la sociedad conquistada y que, incluso aparte de las normas jurídico-sociales impuestas por el Islam y de los aportes culturales vehiculados por éste, formas sociales extrañas a la tradición indígena se implantaron en la península, se difundieron y contibuyeron a la elaboración de la civilización andalusí'."

En realidad lo que indica es que el unitarismo estaba realmente harto del catolicismo, de su corrupcion en las donaciones y actividades eclesiasticas (que eran notables) y lucho con mas denuedo y ardor cara a liberarse de su poder de manera definitiva y de vivir segun su propio criterio: ser unitaristas y poligamos.

Sobre lo de costumbres extrañas existen indicios claros de que no existian: no habia diferencia de vestuario ni simbolos de que hubiera un ejercito extranjero invasor. Tanto judios como cristianos catolicos o arrianos vestian igual. No podias distinguir un credo en base a su vestimenta.

Repetimos aqui las evidencias del clero catolico de Cordoba y Sevilla del año 850, mucho despues de la pretendida invasion. en sus escritos no se cita que hubiera ni en Sevilla ni en Cordoba gente extraña, extranjeros, vestuarios o costumbres novedosas o inusuales. De hecho desconocian todo del islam y mas de Mahoma, lo cual, escrito en el año 850 es mas que prueba de la ausencia de tal invasion arabe y musulmana. ¿Que tipo de invasion es esa que el enemigo mas encarnizado: los catolicos, no sabian que habian sido invadidos?.

Evidenbtemente los relatos posteriores acerca de abusos, batallas, matanzas o lo que fueres son esoescritos posteriores y espureos, inventados, creados no para hacer historia si no hagiografia de un jefe o lider africano. Eso es lo que ha confundido la historia hasta hoy.



...
Sin árabes y sin bereberes posiblemente Hispania no se hubiese islamizado ni arabizado...
cuando los estudios históricos sobre las genealogías árabes y bereberes, hayan avanzado suficientemente, podremos dilucidar en qué grado intervinieron esos elementos humanos en la cultura andalusí.


Pues esos estudios, actuales, sobre ADN vienen a desmentir una vez mas, la invasion, mas bien a apoyar las tesis de Olagüe: no hay indicios de que la presencia de ADN oriental sea arabe, o no mas que la que ya teniamos fruto de judios, fenicios, cartagineses o sirios. Y su numero no seria coherente con una supuesta invasion humana y arabe, sobre todo tras tantos siglos de estancia aqui. Y lo de la expulsion de los musulmanes -un fiasco y mucho mas reducida que lo que se supuso hacer (debido a la ineficacia gubernativa, documentada)-, y ausencia de colaboracion local, no puede explicar esa ausencia de ADN arabe en nuestro legado genetico pues mucha poblacion musulmana fue deportada tambien a zonas leonesas. Si eran norteafricanos o arabes deberian constar en el ADN nacional, y no consta, no en la proporcion que deberia, desde luego. La explicacion esta en que hemos tendido a considerar como extranjeros, invasores, apoblaciones cuyos padres eran hispanos que se habian islamizado, pero cuya sangre no era de ese origen.
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Re: Argumentos en contra de la teoria no invasionista de Ola

Notapor 711 » 2010 07 28, 11:34

del foro de ALASBARRICADAS http://www.alasbarricadas.org/forums/vi ... =18&t=2477

koko escribió:
[i]Se acaba de reeditar un libro nefasto y erróneo ya en su primera edición. Figura como libro de historia y en realidad es de ciencia-ficción. Se trata de una obra de Ignacio Olagüe publicada por primera vez en París en 1964 y que, bajo el título de Les arabes n'ont jamais envahi l'Espagne (Los árabes nunca invadieron España), sostiene que no hubo invasión de musulmanes en Hispania en el año 711. Según su autor (1903-1974), el islam andalusí nació como consecuencia de una evolución espontánea del cristianismo hispánico que desembocó en una guerra civil entre unitarios y trinitarios, cuya documentación habría sido destruida por la intelligentsia del Vaticano.

ES OBVIO QUE ningún historiador debería hablar de este libro. El profesor Guichard ya le respondió oportunamente en la prestigiosa revista Annales E.S.C. con un excelente artículo


A ver si me aclaro. La version de Olagüe, según este señor "no es historia, ningun historiador deberia hablar de ello", pero un historiador -todo un señor historiador!-, se toma la molestia de acudir a una revista especializada para rebatirle?. Mucha contradiccion en todo esto Mas bien muestra PANICO. La forma de expresarse de Bramon, las palabras que elige, denotan panico y odio. El panico del timador cogido con las manos en la masa tratando de enterrar lo antes posible a su desenmascarador.
Es normal que le odien: les ha desmontado el carito del helado!. Les ha abierto tremendo boquete en la linea de flotacion de su barco de intereses. Sea Anatema!!! a la hoguera!!!

Citar:
... se corre el riesgo de creer que el estricto monoteísmo que nació en Arabia mediante la predicación de un profeta aquí surgió por obra y gracia de las luces hispánicas.


Señora Bramon: olvida usted a los judios! y a los cristianos primitivos! UNITARISTAS, poligamos, MONOTEISTAS... les niega usted a los cristianos ibericos la inteligencia de emular a hebreos y arabes???. Sabe de donde salio el estricto monoteismo arabe?: del cristianismo y judaismo -que venia de Egipto, como el nucleo del cristianismo trinitarista-, en sus versiones muy, muy, muy semejantes al arrianismo, que en realidad serian derivados de aquellos. Asi pues, nada de extraño que de discipulos del monoteismo oriental predicado en occidente (godos, arrianos ibericos, otros...) surgiera o resurgiera la nitida idea de un monotesimo del que venian en origen, y que se enfrentaba al dogma trinitarista e imperialista romano. Desprecia usted la inteligencia de su gente señorita Bramon.

Se coge antes al mentiroso que al cojo.

Citar:
... el acontecimiento es el hallazgo en Xàtiva de una lápida con versículos del Corán y otras inscripciones en árabe datada en el año 48 del calendario islámico y que corresponde al 648 del cómputo gregoriano.
Todos sabemos que al hablar de la fecha en que sucedió algún hecho del siglo pasado no mencionamos el inicio, el mil novecientos, y que con la cifra de la decena y la unidad nos basta. Con la documentación escrita a menudo sucede lo mismo y a la fecha en cuestión le falta la centena, que es un 4. Corresponde, por tanto, a nuestro año 1036.[/color]


Si, esta lapida es aun motivo de controversia. Paso algo semejante con la lapida portuguesa, y otra extremeña, presuntas tumbas de Rodericus. Pero tampoco seria tan extraño una tumba musulmana antes del 711: estaban predicando y habia comercio con ellos: No seria extraño que uno de aquellos comerciantes muriera y fuera enterrado por alli. Si esa lapida es o no de antes del 711 da igual.

Citar:
ESTAS interpretaciones resultan peligrosas porque desde algunos sectores islámicos presentes hoy en España se está proponiendo una visión que tiende a considerar que hay --y que ha habido-- musulmanes de primera y de segunda categoría. Los mejores serían, naturalmente, los que habrían llegado ellos solos a la idea del monoteísmo sin la necesidad de ninguna predicación. Después habría el resto --los generalmente mal denominados moros--, que habrían necesitado la presencia y la intervención de un Enviado.[/color]


Otra sandez. Los unitaristas hispanos eran CRISTIANOS. Su fe no era muy diferente, salvo rituales, al islam, si, pero ellos no se consideraban musulmanes. Es mas: el nucleo principal de nuevos musulmanes son precisamente... CRISTIANOS!, cristianos que no se han dado cuenta que han abrazado una nueva religion, cosa de la que no son conscientes, sino que siguen siendo cristianos bajo un nuevo rito, el mahometano. Siguen teniendo al mismo dios YHVH, solo que le llaman en árabe: Allah ("Aquel Que Es", exactamente lo mismo que significa YHVH), y siguen teniendo a Maria y a Jesus, a Noe, Jacob y a Abraham, etc., como figuras de su historia. Ellos se consideran cristianos, cristianos musulmanes, o sea, seguidores del cristianismo de Mahoma.

Sin embargo los musulmanes si les veian como afines, como musulmanes, a los cristianos unitaristas de Iberia, y como infieles a los católicos, dado que adoraban a tres dioses (Padre, Hijo y Espiritu Santo, y tenian imagenes de adoracion), excepto cuando ya concretado el Libro, el Coran, llegan los musulmanes almoravides y almohades. Estos ya notan la diferencia y trataran de imponer su dogma por la fuerza. No fueron nunca bienvenidos, y se les echó, incluso apoyandonos en los cristianos, como el Cid, el cual, siendo católico, lucho bajo mando musulman no pocas veces, incluso contra reyes o nobleza catolica, aunque solo se le recuerda luchando contra los almoravides.

A veces, leyendo comentarios de ciertos "historiadores", me entran dudas acerca de que estan tratando de defender: ¿la historia, su corralito...?
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Argumentos en contra de la teoria no invasionista de Olagüe

Notapor Historia » 2010 11 10, 10:28

Extraido de El Catoblepas, número 63, mayo 2007
El Catoblepas • número 63 • mayo 2007 • página 13 http://www.nodulo.org/ec/2007/n063p13.htm ... Memoria histórica sobre Al Ándalus
José Manuel Rodríguez Pardo
Comentario al último libro de Emilio González Ferrín, Historia General de Al Ándalus. Europa entre Oriente y Occidente. Almuzara, Sevilla 2006, 604 páginas, a propósito de un debate que tuvo lugar en Madrid en el contexto de los V Encuentros de Nódulo Madrid

Emilio González Ferrín, Historia General de Al Ándalus. Europa entre Oriente y Occidente, Almuzara, Sevilla 2006, 604 páginas .... El pasado lunes 16 de Abril tuvo lugar un debate con Emilio González Ferrín en el contexto de los V Encuentros de Nódulo Madrid, «Reconquista e Islam», celebrados el 16 de abril de 2007. A causa del interés del tema y el tiempo empleado en prepararlo, he considerado necesario reseñar el libro fundamental acerca del que se debatió, la Historia General de Al Ándalus.

En primer lugar, es necesario señalar que Emilio González Ferrín (Ciudad Real, 1965) es teísta, o al menos eso se desprende de la lectura de su libro La palabra descendida. Un acercamiento al Corán, publicado en Oviedo por Ediciones Nóbel el año 2002 y Premio Internacional de Ensayo Jovellanos en ese mismo año. De hecho, su teísmo está inspirado por posiciones que se acercan mucho, velis nolis, a la famosa parábola de los tres anillos de Natán el Sabio, la obra de Lessing donde las tres religiones de libro quedan reducidas a sus componentes de teología natural (creación del mundo, omnipotencia de Dios, gradación de las criaturas, &c), apareciendo como un limpio monoteísmo en el que es indiferente hablar de arrianismo, trinitarismo, islamismo o cualquier otra variante de las que denominamos como religiones terciarias.

Esta identificación con el teísmo empieza a mostrarse al comienzo del libro de Ferrín en su apartado titulado «Discurso del Método». En él señala que su método es EMIC –como él mismo lo escribe, con mayúsculas, indicando que lo privilegia frente al punto de vista etic, del observador–, pero entendiéndolo en el sentido de los antropólogos, como una realidad que sólo los actores de una cultura pueden entender: La Antropología cultural arroja luz interna sobre temas como familia, parentesco o religión difícilmente extrapolables. Es algo sofisticado intelectualmente pero, abundando en el símil transicional español, ¿cómo hacer trasladable a un noruego que quiera comprender aquellos años, cierta tristeza musical de una época –Cecilia, Nino Bravo, Jeanette, Mocedades, etcétera? ¿Cómo traducir usted no sabe con quién está hablando? Es, concretamente, cuanto los especialistas denominan el punto de vista EMIC. Lo que se comprende desde dentro y sólo desde dentro. El resto es pura pretensión, antropología visual, como la que practican interpretadores de sociedades ajenas sin siquiera conocer los mecanismos de su lengua o los fundamentos de su religión» (pág. 24).

Así, señala que existen varios sinónimos para hablar de tiempo e historia en árabe: dahr (tiempo lineal), waqt (tiempo parcial) y ayal (tiempo perecedero, personal). (págs. 35-36). Sin embargo, el propio Ferrín reconoce que en el Islam sólo hay un autor: Dios. Esto en consecuencia desmiente su posterior consideración de Ibn Jaldún, autor del siglo XIV, como padre de la Filosofía de la Historia (pág. 74), puesto que sólo tras la inversión teológica, en la que Dios deja de ser aquello «de lo que se habla» para pasar a ser aquello «desde lo que se habla», puede existir esa disciplina filosófica, inaugurada en su rótulo por la famosa obra de Juan Bautista Vico, Ciencia Nueva (1725), como contrapuesta a la Teología de la Historia que presenta San Agustín en La Ciudad de Dios. No dudamos que haya historiografía en tiempos medievales, o que se habla de Historia, pero tales consideraciones están mezcladas con elementos teológicos y sólo muy tangencialmente se tratan, al igual que la Antropología Filosófica sólo puede comenzar con la citada inversión teológica, cuando el hombre es el centro de la actividad filosófica, por más que otros autores helénicos y medievales hayan hablado del hombre de forma tangencial en sus especulaciones físicas o teológicas.

Con estos antecedentes, podemos enunciar que la tesis fundamental del libro de Emilio González Ferrín, que expuso en los V Encuentros de Nódulo Madrid en su conferencia inicial «El origen del Islam», es la siguiente: el año 711 no se produjo una invasión islámica en Hispania. En primer lugar, porque era imposible la «gran cabalgada» de un siglo desde Arabia a la Península Ibérica; incluso si es tomado Túnez en el 698 por la caballería árabe, en una década es imposible tomar el norte de África y arribar a la Península Ibérica (pág. 36).

Es más, según Ferrín ni siquiera había interpretación canónica del Corán, que data del siglo IX. Su tesis tiene relación con Ignacio Olagüe Videla (1903-1974) y su libro La revolución islámica de Occidente (1974), a quien considera «inclasificable» (pág. 81, Nota 47). Este paleontólogo y miembro fundador de las JONS defendió en su libro La decadencia española (cuatro volúmenes entre 1950-1951, que incluyen al libro anteriormente citado en forma de capítulo en el Tomo II), siguiendo La decadencia de Occidente de Spengler –de hecho, considera las culturas como organismos que sufren caídas y recaídas que explican a su juicio la decadencia de España en el siglo XVII, debido al enorme esfuerzo realizado en la Contrarreforma. Olagüe defiende que en realidad en España se produjo un flujo de ideas comunes («ideas-fuerza») en toda la cuenca mediterránea: en el 711 Hispania sufre una guerra civil entre partidarios de Rodrigo, trinitarios, y de Witiza, de carácter arriano, que niegan la divinidad de Cristo y por lo tanto la Trinidad. Conflicto que dura medio siglo, hasta el año 760 (págs. 70-71). A su vez se produce un «flujo migratorio» (pág. 69) desde África de personas que compartían similares credos arrianos a los de los seguidores de Witiza.

Defiende por lo tanto que el arrianismo era el credo entre muchos visigodos –lo que desmentiría la conversión al cristianismo del Rey Recaredo en el 587 confirmada en el III Concilio de Toledo en el 589–. Así, la famosa Mezquita de Córdoba, «pudo ser en su origen un centro arriano –herejía del cristianismo fuertemente enraizada en la Hispania visigoda–; y que del post-arrianismo perseguido pudo ir surgiendo un pre-islam revolucionario.» Así, el Islam sería una «profesión de fe nacida en el ambiente de sincera oposición al dogmatismo trinitario cristiano» (pág. 82).

Por lo tanto, el Islam sería para Ferrín el producto de la lucha entre unitarios y trinitarios dentro de la tradición cristiana:

«Se trataría de una religión iluminada por una revelación concreta –la coránica–pero surgida del enfrentamiento entre unitarios –los inefables hanifes del Corán–, más una amalgama de judíos, neo-musulmanes, cristianos no dogmáticos como nestorianismo, arrianismo, donatismo, priscilianismo contra trinitarios, Concilio de Nicea; dogmatismo cristiano impuesto por la fuerza de las armas contra las herejías citadas. Pensará el lector que dónde queda Al Ándalus, y por ahí encadenaremos precisamente: porque Hispania era un palenque de enfrentamiento entre unitarios –una sola persona divina– y trinitarios –la elucubración simbólica de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dicho sea de paso: ¿alguien se ha parado a hacer esta lectura del Corán? Porque toda la narración coránica es una inteligente respuesta militante a esta diatriba. El Corán es una iluminada disertación arriana. Es una poética proclamación de la soledad de Dios». (pág. 82)

Sin embargo, las referencias arrianas son desde luego dudosas y muy extemporáneas en la formación del Islam. El propio Olagüe reconoce el nestorianismo –que afirma que Cristo es un ser humano normal que adopta posteriormente la forma divina– de las doctrinas del Islam, al igual que Juan Guillermo Draper en su Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia (1875), quien en su Capítulo III señala el nestorianismo como la fuente de la que Mahoma bebe para la formación del Islam.

Además, afirmar que el cristianismo trinitario fue impuesto «por la fuerza de las armas» se acerca mucho a lo que defendía el musulmán Blas Infante, «Padre de la Patria Andaluza», acerca de la naturalidad con la que el futuro Islam fue aceptado por la población peninsular –olvidando que quienes se convirtieron lo hicieron a causa de no quedar reducidos a ciudadanos de segunda categoría, que era el destino de los mozárabes y los judíos en Al Ándalus–, mientras que en el Norte quedaban unos grupos de visigodos aislados por completo del flujo peninsular. Ferrín contrapone, identificándose con el Islam (con su punto de vista emic), el trinitarismo, considerado como algo forzado, a la naturalidad del «diálogo directo con Dios» de los unitaristas. Pero tal diálogo con Dios, al margen de cualquier institución eclesial y de cualquier sistema de dogmas, sólo puede aparecer claro y diáfano para quien realmente es creyente teísta. ¿Qué dirían quienes participan de las procesiones de Semana Santa acerca de ese «diálogo directo con Dios», sin vírgenes ni calendario litúrgico que lo mediaticen?

El relato de Ferrín prosigue afirmando que Al Ándalus comienza cuando ya se estabiliza el dominio musulmán como emirato hacia el año 850 y tendrá un inicio oficial en el siglo X con el Califato de Córdoba, producto de la invasión Omeya, el primer Califato genuinamente andalusí (págs. 331 y ss.). Pero lo curioso es que, en lugar de ver decadencia en los Reinos de Taifas posteriores, debido a las luchas de sucesión tras la muerte sin descendencia de Hixem III, Ferrín considera las taifas como la apoteosis andalusí, «dado que Al Ándalus floreció en las actuales España y Portugal, propiciando el acceso a la modernidad de cuanto hoy conocemos como tales» (pág. 43), constituyendo, a su juicio, un verdadero renacimiento europeo, anterior al Renacimiento italiano que también se desarrolló en pequeñas ciudades-estado o «taifas».

A Ferrín no parece importarle que ese presunto esplendor se realizara mientras los taifas, dada su debilidad y conflictos internos, tenían que pagar parias o tributos a Alfonso VII el Emperador (págs. 389 y ss.). La explicación para esta tesis es sencilla: es en la época de los Reinos de Taifas en la que se desarrolla la denominada filosofía islámica de Al Ándalus: Abentofail, Avempace y Averroes cultivan sus obras entre los siglos XI y XII. Incluso incluye a Maimónides, producto de esa identificación de fes monoteístas (págs. 431 y ss.) Sólo con las invasiones almohades y almorávides de los siglos XI y XII se impondría un islamismo dogmático que acabaría con el esplendor cultural de Al Ándalus, según Ferrín.

De hecho, para sostener la naturalidad del proceso de conversión al Islam de los visigodos peninsulares, añade el autor que el Islam y Bizancio evolucionan «en una interesante unidad histórica mediterránea» (pág. 61) producto del «flujo migratorio» ya señalado. Por lo tanto, no pudo haber una Reconquista de algo que no fue previamente conquistado por el Islam, pues fue todo un proceso «natural» de transmisión de ideas. Sólo en el siglo XI con la conquista de Toledo a cargo de Alfonso VI y en el siglo XIII con la victoria de Alfonso IX en las Navas de Tolosa frente a los almohades se empieza a hablar de Reconquista, que para Ferrín es un «implante de memoria colectiva» de una España que sólo puede existir tras el matrimonio de los Reyes Católicos:

«La noticia de una victoria en Al Ándalus se enviaría como crédito suficiente almohade en su propia zona de influencia primigenia –Magreb–, y sin embargo se produjo exactamente lo contrario. Si –en materia geométrica–, dos puntos marcan una línea recta, el fracaso almohade en Las Navas de Tolosa de 1212 señaló un sentido del tiempo que confería un especial significado a un punto anterior: la entrada de Alfonso VI en Toledo (1085). Ambos –Toledo, 1085 y Las Navas de Tolosa, 1212– no harán más que ubicar como ideología de Estado un mito previo –incluso– al sueño de tal Estado. Ese mito es la Reconquista, y el tercer punto, ya definitorio; ya siguiendo la trayectoria trazada por los dos anteriores, será la toma de Sevilla por Fernando III en 1248» (pág. 451).

A partir de entonces, «será ya imposible refutar el destino imperativo de un proceso de conquista sentido como recuperador; de un tiempo convulso marcado –a posteriori– como religioso». Así, «Al Ándalus iba transmutándose: de haber sido territorio, pasaba a filtrarse como componente. De Europa, evidentemente; por geografía, por secuencia cualitativa, y por la irrefutable inclusión de los logros civilizadores andalusíes en el bagaje cultural renacentista europeo; inclusión que no se produjo en el Oriente árabe en los mismos términos» (pág. 451).

Al Ándalus sería por lo tanto la Tercera España, que incluye a los moriscos expulsados, la caballería de origen árabe del Gran Capitán o los emigrantes a América (pág. 77), la Escuela de Traductores de Toledo y el averroísmo latino de Santo Tomás, como señalaban ya a comienzos del siglo pasado Asín Palacios y González Palencia. Así, «Averroes entraba de lleno en la actualización teológica de la metafísica aristotélica. Y destaquemos una idea de saque aristotélica. Por ejemplo: hay una Inteligencia separada del físico humano. Al separar lo físico y lo metafísico, Aristóteles era combustible generoso para las disquisiciones teológicas en las que había entrado Alejandro de Afrodisias; en las que entraría Averroes, y de las que bebería todo el Medievo escolástico europeo», por lo que «los pensadores europeos –escolásticos y antiescolásticos– se dividieron entre averroístas y alejandrinistas. El primero, a fin de cuentas aristotélico, era paradójicamente encasillado como platónico en su visión metafísica cristianizable, y defendido por un academicismo religioso europeo–franciscanos. Entretanto, el segundo –Alejandro de Afrodisias–, era encasillado como incrédulo, y defendido por los pre-renacentistas. ¿Qué estaba ocurriendo?: Europa no sólo había adoptado a Averroes, sino que éste pasaba a representar al academicismo» (pág. 537).

El libro añade cuestiones de por sí extravagantes, como afirmar que ya había universidad en Bagdad en el año 813 (pág. 52), algo que nos hace dudar que Ferrín entienda lo que significa la universitas parisiense fundada por órdenes religiosas y por lo tanto ligadas a una dogmática y un sistema determinados –Iglesia que siempre ha brillado por su ausencia en el Islam– o que Platón está mucho más cerca de los ayatolás iraníes que del Congreso de Estados Unidos. Algo que desde luego hubiera escandalizado a Platón, quien fundó la Filosofía para combatir la revelación. ¿Qué hubiera dicho el padre de la Filosofía si lo relacionasen con unos clérigos que dicen estar iluminados por un imam que permanece oculto?

El autor también reniega expresamente, como hizo en su intervención en los V Encuentros de Nódulo Materialista, de quienes abanderan Al Ándalus como algo propiamente andaluz y no como Tercera España que añadir a las dos del tópico de Antonio Machado. Y también reniega de los radicales islámicos que reivindican Al Ándalus como parte del actual Islam. Para ello aplica una sutil distinción entre coranismo e islamismo, situándose Ferrín en el primer bloque y encasillando en el segundo al radicalismo islámico como opuesto a la tradición coránica y producto de un choque generacional de gentes que no habían sido capaces de asimilar los cambios producidos con los regímenes laicos del mundo árabe (Nasser, Sadam Husein, &c.). Por lo que, para Ferrín, el yihadismo es un invento para mantener la ceguera sobre el Islam (pág. 40).

Pero el libro de Ferrín tiene numerosas lagunas que no pueden darse de paso sin la correspondiente crítica. La crítica principal reside en que, como ya señalé en la mesa redonda de los V Encuentros de Nódulo Materialista, carece de sentido sentenciar, con extraño afán notarial, que el Islam no empieza hasta el siglo IX, que la Reconquista se «inventa» en el siglo XII con Alfonso VII, o que el cristianismo no comience hasta el Concilio de Nicea (325) que define de modo definitivo el dogma trinitario. Eso sería segregar los procesos dialécticos de constitución de las religiones u ortogramas resultantes, y suponerlos descendidos, revelados, sin proceso histórico alguno de formación. Por centrarse en el caso que nos ocupa: ¿por qué distinguir entre protoislam e Islam? Si el nestorianismo que influye a Mahoma conduce al Islam, junto a otros elementos que podrían caracterizarse según la figura dialéctica de la catábasis, carece de sentido segregarlo del islamismo, esperando un momento propicio para que se manifieste con toda claridad.

Podemos también renegar de la Reconquista en la Edad Media, pese a que se sigue hablando incluso en el siglo XVII sobre la pérdida de España, pero no podemos negar que hay conquista y expulsión de un Islam invasor. No deja de ser curioso que Ferrín, para fundamentar sus tesis, pida en su relato «desconfiar de las crónicas», porque no son previas al 850 (pág. 73). ¿Pero entonces desde dónde podemos argumentar? Además, no es cierto que las crónicas sean posteriores al año 850: ahí tenemos la Crónica bizantina-árabe o Continuatio hispana (año 741) y la Crónica mozárabe (año 754), que afirman que Pelayo, tantas veces negado por cierta historiografía hipercrítica, reinaba sobre «un reino nuevo». ¿Acaso no es ejercer una memoria histórica parcial destacar determinados datos y en cambio olvidarse de las crónicas contemporáneas de la invasión islámica de la Península Ibérica? Afirmar que la Península Ibérica cambia en siglo y medio de fe y población y que en ese proceso no hay Islam (pág. 79) es confundir génesis y estructura, segregar el Islam de su proceso efectivo de constitución. Además, ¿por qué pensar que el pueblo visidogo no podía ser, como de hecho lo es en la actualidad el pueblo español a la luz de los pasos de Semana Santa, idólatra y pagano? La Cruz de los Ángeles, cuya forma fue realizada en Oviedo el año 808, pertenece a una época en la que no sólo se reacciona contra el iconoclasmo islamita que está teniendo lugar en Bizancio, sino contra las creencias populares paganas; en la Iglesia ovetense de Santullano, lugar donde fue ungido monarca Alfonso II el Casto, el único símbolo cristológico existente es el de la cruz con el alfa y omega, símbolos del Apocalipsis; y ya qué decir de cualquier referencia a la Virgen María, que en su origen es una diosa que bien podría ser la Isis egipcia o la Atenea griega. Se trata, por lo tanto, de una reacción contra la religiosidad popular, en tanto que es entendida como pagana.

Y es que el argumentario de Ferrín lo que intenta es seguir coherentemente las habituales explicaciones sobre la Reconquista: si seguimos la teoría de los Cinco Reinos y la habitual España eterna, entonces el Islam es tan español como Viriato o los visigodos, y tiene su papel dentro de la famoso Reconquista. Pero si renegamos de este esquema mítico de la pérdida de España y apelamos a una explicación alternativa podremos hallar más luz en nuestras pesquisas.

Por ejemplo, en las reliquias que nos lega Alfonso II el Casto, Rey que sitúa la capital del denominado «minúsculo reino asturiano» en Oviedo, reconocido en las crónicas posteriores como un jalón más de la Ordo gothorum ovetensium regum (Relación de los Reyes Godos ovetenses) que se inicia en Pelayo (718-737) y termina en Alfonso III el Magno (866-910). En la Cruz de los Ángeles aparece el sello del Emperador Octavio César Augusto, e incluso la fecha de su forja es el año 846 de la Era Hispana, iniciada por Octavio Augusto en el año 38 antes de Cristo (así, 846 – 38 = 808), fecha en la que fue pacificada definitivamente la Península Ibérica. Por lo tanto, el título imperial de los reyes posteriores a Alfonso II (Alfonso III el Magno, Sancho III el Mayor, Fernando I el Magno, o Alfonso VII el Emperador) es el de «Emperadores de toda España» (Imperator totius Hispaniae), en un proyecto imperial continuador del Imperio Romano cuya verdadera plenitud se produce en 1492, al sobrepasar España los límites peninsulares y llegar a América.

Denominar a esto «implante de memoria colectiva», como lo considera Ferrín, y equipararlo a la apoteosis imperial de Carlomagno de 25 de diciembre del 800, es tanto como suponer que el ficticio Sacro Imperio Romano Germánico, que no tuvo continuidad más allá de lo puramente formal, es equiparable a la realidad histórica y continuada de España, como en el fondo considera Henry Kamen en su libro Imperio (2003) y ha defendido sin recato alguno en su continuación, Del imperio a la decadencia (2006). Es más, si procedemos en función de este sistema notarial que decreta que el cristianismo o el islamismo nacen en una fecha X, ¿por qué no tratar por igual las declaraciones de Carlomagno o de Alfonso II el Casto en pie de igualdad como inicio de sus respectivos imperios? ¿Qué criterios hay para aceptar unas y desechar otras bajo el epíteto de «implantes de memoria colectiva»? Sólo ejerciendo una determinada memoria histórica parcial podría aceptarse esta doble vara de medir.

El Islam [sumisión] es, por lo tanto, una realidad iniciada desde el año 622 de nuestra era con la héjira de Mahoma, discípulo de herejes nestorianos que sostienen que la naturaleza divina de Cristo es adoptada –como literalmente defendía la iglesia mozárabe de Toledo en el siglo VIII con sus tesis sobre el adopcionismo de los obispos Elipando y Félix, a un paso de convertirse en islamitas–, como ya señalamos arriba. Al contrario que el cristianismo, que considera que Dios se hizo hombre [Cristo], el Islam desdeña el cuerpo como base de la racionalidad. Lo considera, siguiendo el neoplatonismo, una degradación de la máxima racionalidad que es Dios (Alá). La filosofía islámica de Al Ándalus –Abenmasarra, Abenhazam, Avempace o Abentofail– es preferentemente neoplatónica y sus autores, como en su día dijo Plotino, «se avergüenzan de tener cuerpo». Si para un cristiano la racionalidad está ligada al cuerpo y necesita de una Iglesia que interprete y establezca la doctrina, en el Islam el desprecio del cuerpo produce fenómenos como el de los terroristas suicidas, cuyo comportamiento es el propio de instrumentos guiados por Alá y no de personas responsables y libres.

La interpretación del Corán, al menos según los sunnitas, al carecer de iglesia, está a cargo del califa, líder político y religioso –papel que asumieron políticos contemporáneos como Nasser o Sadam Husein, pese a su supuesto laicismo–, quien como sucesor de Mahoma debe expandir el Islam por medio de la guerra santa (yihad), como sucedió en el 711 a cargo de un grupo de islamitas comandados por Tariq que aprovecharon la situación convulsa del reino visigodo. Y el Islam, al unir religión y política indisolublemente, junto a ese desprecio del cuerpo, es incapaz de desarrollar la ciencia y sigue en plena Edad Media.

No es de extrañar que el descubrimiento de América y la mejora de las condiciones de navegación fueran restringiendo la importancia del Imperio Otomano, el último califato, convirtiéndolo en mera anécdota a finales del siglo XIX. Sin embargo, una vez derribado en 1924, la Hermandad Musulmana fundada en 1929 intenta recuperar el califato, defendiendo que la única verdad es el Corán y que la religión y la política son inseparables. Los grupos armados palestinos y casi todo el islam sunní se inspira en el ideario de la Hermandad. Paralelamente, el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo en Oriente Medio pone en manos del Islam la economía mundial y da alas a los radicales islámicos como Bin Laden, quien reivindicó Al Ándalus en el 2001 para demostrar la actualidad de la amenaza islamista.

Como es natural, Ferrín niega que los islamitas más radicales sean capaces de tales abstracciones filosóficas, pero esto se compadece mal con la distinción entre filosofía académica y filosofía mundana: todos tenemos una filosofía, y los círculos académicos no permanecen estancos y aislados respecto al resto de la sociedad. Todos somos filósofos, por lo que estamos constantemente interpretando, y las ideas filosóficas están inmersas en nuestra realidad. Una persona que maltrata a los animales está ejerciendo la filosofía cartesiana del automatismo de las bestias. De hecho, en su propio libro Ferrín señala que Averroes considera que la razón está separada del cuerpo y preexiste a los seres individuales:

«Averroes defendía una inteligencia ajena a lo físico y pre-existente. En tanto Alejandro de Afrodisias defendía la inteligencia ajena, sí; pero sólo existente en tanto estamos vivos. Es decir –y resumiendo con fe de carbonero–: basándonos en Aristóteles, podemos creer en que Dios concede inteligencia al hombre –Averroes– o el hombre lleva un pequeño Dios dentro que muere con él –Alejandro de Afrodisias. Lo que nos interesa, en estos extremos, no es tanto la disquisición filosófica en sí –aquí, demasiado podada y hasta caricaturizada–, cuanto la presencia real y activa de Averroes en las corrientes de pensamiento europeas. No en tanto que musulmán, árabe o como concesión al Otro, sino como combustible de ideas» (pág. 537)

Si el hombre lleva en sí una inteligencia ajena a lo físico y preexistente, entonces, ¿cómo rechazar la influencia que esa doctrina tiene en la concepción del hombre como algo degradado y uniforme, cuya individualidad es sacrificable en nombre de una inteligencia superior, de Alá? Si el cuerpo en el Islam es insignificante y todos llevamos la verdad dentro, será porque la racionalidad en el Islam se considera ajena a los seres individuales. Por cierto, ¿cabe metáfora más hermosa que la del «combustible de ideas» para ilustrar la inmolación islámica?

No podemos dejar de reseñar que uno de los puntos más interesantes del debate fue la reiteración de Ferrín acerca de una posible aceptación de la democracia en el mundo islámico, algo que es sin embargo imposible. Ya no sólo porque el jefe de estado es el califa entre los sunnitas, sino porque en el caso de los chiítas, como en Irán, quien gobierna no es el jefe de estado (en este caso, Mahmud Admadineyah) sino una congregación de sabios iluminadas por un imam del linaje del nieto de Mahoma, Hussein, martirizado en el año 680 de nuestra era, efeméride celebrada por los chiítas en la festividad de la Ashura. Como además el último representante conocido, Madih (literalmente, «oculto») desapareció en el año 873 de nuestra era, los chiítas consideran que su descendencia, pese a ser desconocida, guía desde su situación «oculta» a la comunidad de fieles. Esta posición sobrenatural y gnóstica es incompatible por completo con una elección de representantes independientemente de su origen o extracción social.

En definitiva, Ferrín es incapaz de explicar la liturgia, que es eminentemente social, de las religiones terciarias desde su perspectiva de la religión como algo privado. El catolicismo y el islamismo imponen toda una serie de normas que cohesionan socialmente a los individuos y orientan cada aspecto de su vida, desde el nacimiento al fallecimiento; en el catolicismo la vida humana comienza con el bautizo y pasa por la primera comunión, la confirmación, el matrimonio –de finalidades muy distintas a los matrimonios poligámicos musulmanes– y la muerte final. Ambas son, por lo tanto, religiones «totalitarias».

Poco pudo sacarse del debate a nivel de asunción de las posiciones del materialismo filosófico por parte de Emilio González Ferrín. Pero esta impermeabilidad era algo ya previsible en quien adopta de partida una posición teísta, considerando las tres religiones de libro como equivalentes y negando su proceso histórico de desarrollo y conflicto. Para una conciencia gnóstica, que piensa que el conocimiento se nutre de sí mismo y es una cuestión puramente académica sin consecuencias para el resto de los mortales, da lo mismo cualquier tipo de dogmática. Sólo queda la «poética proclamación de la soledad de Dios» y la indiferencia ante las guerras y matanzas que suceden en el mundo, aislado el sabio en su Platonópolis particular.
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Argumentos contra de la teoria no invasionista de Olagüe

Notapor Historia » 2010 11 21, 9:50

http://www.liceus.com/cgi-bin/aco/ar/06/0601.asp donde se dan datos interesantes sobre los visigodos, habla de la iglesia de Quintanilla de Viñas -dejando caer la posibilidad de ser obra maniquea-, el arrianismo, etc. Una buena fuente de datos.

La pagina no tiene enlaces a las paginas anteriores. Yo he usado el truco de eliminar parte de la direccion para ir directamente a su indice, o ir cambiando el numero final de la direccion, reduciendolo o aumentandolo, para ir a las diferentes paginas.
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Re: Argumentos en contra de la teoria no invasionista de Ola

Notapor Nazarí » 2012 07 22, 3:26

Historia escribió:Extraido de El Catoblepas, número 63, mayo 2007

Defiende por lo tanto que el arrianismo era el credo entre muchos visigodos –lo que desmentiría la conversión al cristianismo del Rey Recaredo en el 587 confirmada en el III Concilio de Toledo en el 589–. Así, la famosa Mezquita de Córdoba, «pudo ser en su origen un centro arriano –herejía del cristianismo fuertemente enraizada en la Hispania visigoda–; y que del post-arrianismo perseguido pudo ir surgiendo un pre-islam revolucionario.» Así, el Islam sería una «profesión de fe nacida en el ambiente de sincera oposición al dogmatismo trinitario cristiano» (pág. 82).


Este señor para empezar mete la pata hasta el fondo en un matiz: que la Hispania bajo dominio godo fuera en su mayoría arriana no quiere decir que los gobernantes no proclamasen el culto católico como oficial, de hecho que el Rey Recaredo se convirtiera al Catolicismo trinitario es un hecho irrefutable. Pero este hecho repito, no tiene nada que ver para que el pueblo llano siguiera practicando sus creencias arrianas.

Historia escribió:Extraido de El Catoblepas, número 63, mayo 2007
Ferrín contrapone, identificándose con el Islam (con su punto de vista emic), el trinitarismo, considerado como algo forzado, a la naturalidad del «diálogo directo con Dios» de los unitaristas. Pero tal diálogo con Dios, al margen de cualquier institución eclesial y de cualquier sistema de dogmas, sólo puede aparecer claro y diáfano para quien realmente es creyente teísta. ¿Qué dirían quienes participan de las procesiones de Semana Santa acerca de ese «diálogo directo con Dios», sin vírgenes ni calendario litúrgico que lo mediaticen?


Es que el Cristianismo trinitario era y es más complejo. Aceptar la divinidad de Cristo implica equipararlo al Padre, y al Espíritu Santo. El Cristianismo unitario y sus corrientes solo aceptaban la divinidad única de Dios. Esto a mi modo de entender, y desde luego objetivamente también, constituye una creencia más sencilla y más simple, que fue la que trajo la civilización de al-Ándalus. El tema de las procesiones de Semana Santa es algo aparte que no sé a qué viene meterlo en el tema que trata sinceramente, pero ya que lo dice (y en referencia a otro párrafo en el que ha tratado un poco más este tema) la multiplicidad de imágenes cristíferas, de vírgenes y de santos, y sus advocaciones, es un reflejo de las costumbres paganas de los romanos y los griegos... negar esto es absurdo.

Historia escribió:Extraido de El Catoblepas, número 63, mayo 2007
El libro añade cuestiones de por sí extravagantes, como afirmar que ya había universidad en Bagdad en el año 813 (pág. 52), algo que nos hace dudar que Ferrín entienda lo que significa la universitas parisiense fundada por órdenes religiosas y por lo tanto ligadas a una dogmática y un sistema determinados –Iglesia que siempre ha brillado por su ausencia en el Islam– o que Platón está mucho más cerca de los ayatolás iraníes que del Congreso de Estados Unidos. Algo que desde luego hubiera escandalizado a Platón, quien fundó la Filosofía para combatir la revelación. ¿Qué hubiera dicho el padre de la Filosofía si lo relacionasen con unos clérigos que dicen estar iluminados por un imam que permanece oculto?


¿Idea extravagante es decir que en Bagdad había una universidad? ¿Este señor no sabía que en el mundo islámico medieval existían las madrasas? En Córdoba había una fundada en tiempos del Emirato Independiente, en El Cairo, en Bagdad... Extravagante es este señor, que no tiene ni idea de muchos elementos que intenta rebatir...

Historia escribió:Extraido de El Catoblepas, número 63, mayo 2007
Podemos también renegar de la Reconquista en la Edad Media, pese a que se sigue hablando incluso en el siglo XVII sobre la pérdida de España, pero no podemos negar que hay conquista y expulsión de un Islam invasor.


¿ISLAM INVASOR? ¿Acaso el Imperio romano no fueron tampoco invasores? ¿Y los godos? Cada civilización desarrollada en la Península Ibérica, a excepción de las autóctonas ibéricas y tartésicas, implantaron su poder por lo general a costa de invasiones y luchas. Se habla mucho en la sociedad española de que al-Ándalus estuvo poblada por invasores árabes y beréberes, pero se omite al grueso de la población hispana presente antes incluso que los romanos, como si los andalusíes fuesen todos hombres del desierto que dominaron los territorios hispanos. Es cierto que al-Ándalus fue poblada por árabes y beréberes, pero éstos fueron llegando poco a poco,fundiéndose generalmente con la población autóctona hispana, que era mayoritaria. Muchos prejuicios veo en el autor, en sus ideas trasluce una actitud reacia a aceptar la civilización andalusí como parte de nuestra historia y nuestro pasado. Al fin y al cabo, es lo que consiguió la Monarquía Hispánica y la Iglesia Católica casi por completo, que la sociedad española renegara de parte de su pasado y de su cultura.

La Reconquista, una idea que impera en la historiografía oficial, y corriente que parece seguir este señor, está basada en un ansia por el mundo norteño peninsular de religión católica de llegar hacia el sur y conquistar los territorios andalusíes. Ellos legitimaban esa conquista por un supuesto continuismo del Imperio romano (desaparecido en el siglo V), y de la monarquía goda desmembrada en el siglo VIII. Fue una manera de justificar sus ansias expansionistas, el dar salida al crecimiento demográfico que experimentaba Castilla en el siglo XI, y la aspiración a vivir en tierras más fértiles y con mayores recursos que el norte peninsular montañoso. Por ello, consideraron a la civilización andalusí como invasora, tacharon a todos los pobladores de al-Ándalus de árabes y norteafricanos invasores, y ellos se vendieron a ojos del mundo medieval europeo como los supervivientes de una invasión extranjera, que pienso que no fue tal (pienso que más bien fue un flujo de ideas venidas desde oriente, traídas por sirios y árabes, además de la entrada de norteafricanos que en un principio estaban todavía romanizados por el Imperio romano y luego por Bizancio, la entrada de mercenarios beréberes del Sáhara y del Atlas en los ejércitos califales, y las invasiones de almorávides y almohades vendrían más adelante). Por lo tanto, ¿La Corona de Castilla que quería volver a conquistar? Lo que conquistó fue por vez primera, ya que sus antepasados no habían nacido en esas tierras andalusíes.

Historia escribió:Extraido de El Catoblepas, número 63, mayo 2007
Y es que el argumentario de Ferrín lo que intenta es seguir coherentemente las habituales explicaciones sobre la Reconquista: si seguimos la teoría de los Cinco Reinos y la habitual España eterna, entonces el Islam es tan español como Viriato o los visigodos, y tiene su papel dentro de la famoso Reconquista. Pero si renegamos de este esquema mítico de la pérdida de España y apelamos a una explicación alternativa podremos hallar más luz en nuestras pesquisas.

Por ejemplo, en las reliquias que nos lega Alfonso II el Casto, Rey que sitúa la capital del denominado «minúsculo reino asturiano» en Oviedo, reconocido en las crónicas posteriores como un jalón más de la Ordo gothorum ovetensium regum (Relación de los Reyes Godos ovetenses) que se inicia en Pelayo (718-737) y termina en Alfonso III el Magno (866-910). En la Cruz de los Ángeles aparece el sello del Emperador Octavio César Augusto, e incluso la fecha de su forja es el año 846 de la Era Hispana, iniciada por Octavio Augusto en el año 38 antes de Cristo (así, 846 – 38 = 808), fecha en la que fue pacificada definitivamente la Península Ibérica. Por lo tanto, el título imperial de los reyes posteriores a Alfonso II (Alfonso III el Magno, Sancho III el Mayor, Fernando I el Magno, o Alfonso VII el Emperador) es el de «Emperadores de toda España» (Imperator totius Hispaniae), en un proyecto imperial continuador del Imperio Romano cuya verdadera plenitud se produce en 1492, al sobrepasar España los límites peninsulares y llegar a América.

Denominar a esto «implante de memoria colectiva», como lo considera Ferrín, y equipararlo a la apoteosis imperial de Carlomagno de 25 de diciembre del 800, es tanto como suponer que el ficticio Sacro Imperio Romano Germánico, que no tuvo continuidad más allá de lo puramente formal, es equiparable a la realidad histórica y continuada de España, como en el fondo considera Henry Kamen en su libro Imperio (2003) y ha defendido sin recato alguno en su continuación, Del imperio a la decadencia (2006). Es más, si procedemos en función de este sistema notarial que decreta que el cristianismo o el islamismo nacen en una fecha X, ¿por qué no tratar por igual las declaraciones de Carlomagno o de Alfonso II el Casto en pie de igualdad como inicio de sus respectivos imperios? ¿Qué criterios hay para aceptar unas y desechar otras bajo el epíteto de «implantes de memoria colectiva»? Sólo ejerciendo una determinada memoria histórica parcial podría aceptarse esta doble vara de medir.


Hablar de imperio basándose en un proyecto continuador del Imperio romano es un error y un anacronismo en el tiempo y el espacio, que solo sirvió a los monarcas medievales para legitimar su poder de modo más supremo si cabe. Carlomagno fue coronado emperador por el Papa, pues se supone que dicha personalidad había heredado de los emperadores romanos de Occidente el poder político del imperio que fue desmembrado por los bárbaros, por los mismos francos, godos, vándalos y lombardos que luego algunos de ellos reclamaron la potestad imperial al "Vicario de Cristo" (en el caso de los lombardos y francos, que fueron los pueblos gobernados por Carlomagno). La pretensión de los monarcas asturleoneses por continuar el Imperio romano, desde la lógica, no puede estar más fuera de lugar, de tiempo y de espacio. El Imperio romano de Occidente ya llevaba desaparecido tres siglos...

Historia escribió:Extraido de El Catoblepas, número 63, mayo 2007
La filosofía islámica de Al Ándalus –Abenmasarra, Abenhazam, Avempace o Abentofail– es preferentemente neoplatónica y sus autores, como en su día dijo Plotino, «se avergüenzan de tener cuerpo». Si para un cristiano la racionalidad está ligada al cuerpo y necesita de una Iglesia que interprete y establezca la doctrina, en el Islam el desprecio del cuerpo produce fenómenos como el de los terroristas suicidas, cuyo comportamiento es el propio de instrumentos guiados por Alá y no de personas responsables y libre.


Los budistas e hindúes también creen que el cuerpo no es importante en el ser humano, que tan solo es una parte que el alma o conciencia deja cuando muere para adquirir otra forma de existencia en la siguiente reencarnación o renacimiento. Por lo tanto, como ellos dan menos importancia al cuerpo físico ¿por qué no hay terroristas budistas o hindúes? Por esa regla también existirían terroristas de estas religiones, y no los hay. La cuestión del terrorismo islamista tiene una multiplicidad de causas y condicionantes que no tienen nada que ver con los planteamientos de los filósofos andalusíes, es más me parece un insulto gratuito a estos personajes históricos y a la civilización andalusí. Una vez más, un planteamiento sin sentido. Ya lo único que faltaba es que se difundiera una idea tan nefasta como que el terrorismo islámico basa sus acciones en un aspecto de la filosofía andalusí, entre otras cosas porque la interpretación que le dan los extremistas al credo de cada una de las religiones del mundo no son nada acertadas, pues se basan en algunos aspectos de un credo religioso para interpretarlo a su manera, la mayoría de las veces enfocado a la violencia.

EN CONCLUSIÓN: Este autor realmente no quiere aceptar el pasado andalusí de España, sino que pretende apartarlo y considerarlo invasor e ilegítimo. Su objetivo es el desprestigio y la infravaloración de los andalusíes, que no son más que parte de nuestros antepasados.
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Re: Argumentos en contra de la teoria no invasionista de Ola

Notapor Girovago » 2015 11 10, 2:02

Comparto esta última respuesta.
Es evidente que Olagüe y Ferrín han propiciado la intranquilidad del mundo académico.
Y la academia siempre interpreta el sentido que el poder infiere.
Hasta ahora, la mayoría de las críticas se han basado en desacreditaciones políticas, morales o éticas... a dar por lo bajo si fuera posible tal cosa.
Por ahora no he leido ninguna crítica seria ni aportaciones documentales que derriben las tesis de Olagüe... de Ferrín solo he tenido acceso a extractos y artículos... pendiente de lectura de Historia de ...
Saludos
Girovago
 




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