Foro sobre historia disidente de la Version Oficial y foro sobre neoruralidad y la Revolucion Integral inspirada en los estudios de Felix Rodrigo Mora.

¿Martires cristianos... o "proletarios" y "revolucionarios"?

Prolongando y profundizando las tesis de Américo Castro e Ignacio Olagüe, su Historia General de Al-Ándalus sostiene que no hubo invasión islámica -estrictamente hablando-, en la península Ibérica, y expone -con argumentos consistentes y erudición-, que sucedió en realidad.

¿Martires cristianos... o "proletarios" y "revolucionarios"?

Notapor 711 » 2013 05 14, 12:33

¿La represión sobre los cristianos... era tal represión y persecución religiosa o una mera represión social?

Las revueltas cordobesas de 805 y 818 están relacionadas con las próximas revueltas cristianas -mal llamadas mozárabes-, por cuanto que se trata de la amina contra la jassa-. el pueblo contra la progresiva burguesía. La gente de la calle frente a una institucionalización islámica no necesariamente comprendida como propia. La revuelta de 805 es, en rigor —y cuándo no—, una revuelta del pan. Relacionada con catástrofes naturales, malas cosechas, y una negativa gubernamental a hacerse eco del desastre. Así, Córdoba no rebajó en absoluto una presión impositiva sobre el pueblo, que se alzó contra la Ruzafa. Y se alzaron todos, desde artesanos hasta predicadores de barrio —que tales serían aún los alfaquíes. En el arrabal de Secunda, un asentamiento de reciente creación a base de aluvión migratorio —probablemente, más desde el campo que de allende el mar—, se alzó el pueblo y reaccionó el emir enviando a Rabi Ben Teodulfo para sofocar las ínfulas proletarias.

De la represión del Conde se siguió la crucifixión de más de setenta cabecillas; por lo que la revuelta, lejos de ser sofocada, simplemente fue alimentada. Debe destacarse que la crucifixión —como es bien sabido— era el modo de ejecutar la pena capital entre el pueblo llano según el Derecho Romano, del mismo modo en que la lapidación sería el modo de llevarlo a cabo por el Derecho Mosaico —judío— en casos de adulterio y siempre a la mujer. Y valgan estas apreciaciones sólo a título de noticias sobre fuentes del Derecho Islámico'^. En cualquier caso, las crucifixiones del Conde Rabi no hicieron más que alimentar la clandestinidad y preparar la siguiente gran revuelta, la de mayor calado comenzada en 817; de donde puede deducirse que doce años de larvada desafección social ante el emirato nos deben preparar para la coherente lectura de una Historia de Al Ándalus en inicios represivos. Aquí —y en la posterior revuelta mozárabe— está la resistencia nativa. Y no en el mito fundacional de Guadalete, un siglo antes.

Encabezada por alfaquíes, que planteaban la exención de impuestos para los musulmanes, se desencadenó una revuelta social de recurrente movilización durante casi un año. Tal movilización adquirió los visos de revolución en toda regla, saldada con matanzas represivas, la ejecución pública ejemplarizante de más de trescientos cabecillas, la devastación del arrabal de Secunda, la expulsión de los supervivientes, y la prohibición de siquiera plantar en la zona devastada y despoblada. La represión de Secunda, le valió al emir el sobrenombre de al-Rabadi —el del arrabal—, por cuanto su recuerdo quedaría ya indefectiblemente ligado al de su triste ejecutoria. La deportación de miles de supervivientes.

Por orden suprema, el arrabal había sido arrasado, su población superviviente expulsada, y emitida una orden expresa por la que se prohibía reconstruir el barrio. Esta expulsión, en la que algunos autores calculan que un cuarto de la población de Córdoba desapareció, había sido provocada por una espada cristiana por orden de un emir.

Al margen de la reflexión intrínseca, tal movimiento poblacional nos ofrece una clave interpretativa nada desdeñable en materia de florecimiento andalusí fuera de Al Ándalus. Nos preguntábamos hace algún tiempo: los expulsados de Secunda, ¿hablarían árabe? Sea como fuere, debería destacarse que no se había tratado de una deportación de musulmanes por parte de los reyes cristianos, como en ocasiones se lee en los orígenes de la ciudad marroquí de Fez, dado que tal fue en gran parte el destino de los deportados.

En este orden de cosas, los expulsados del arrabal de Secunda partieron, forjando comunidades cohesionadas en Fez, en Alejandría, e incluso en la isla de Creta, desde la que crearán más de un problema a Bizancio. Como vemos, no todas las expulsiones se produjeron en la misma época, ni todos los Al Ándalus extra-peninsulares tienen un origen morisco o causa en integrismos inquisitoriales, hecho que ni exculpa ni expropia razones en sí mismo, sino que normaliza el ritmo de una Historia. En concreto —como vemos—, Fez se debe en gran medida a ese acontecimiento. Cerca de veinte mil familias debieron abandonar Córdoba, la mayor parte de las cuales fue atraída por la relativamente reciente fundación de la ciudad de Fez. Sus costumbres, su artesanía, e incluso su modo de convivir acabarían convirtiendo los barrios en los que vivían en la llamada ciudad andalusí de Fez.
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