Foro sobre historia disidente de la Version Oficial y foro sobre neoruralidad y la Revolucion Integral inspirada en los estudios de Felix Rodrigo Mora.

La supuesta detención de la invasion islamica en Francia

Presentacion y de discusion general.
Resumen del argumentario antiinvasionista y discusión.
Critica de las fuentes, cuestiones militares, situacion de los conflictos religiosos concomitantes -especialmente en Hispania-, o como se creó la leyenda del poderio árabe y como eso enmascaró la verdadera naturaleza del proceso historico que se estaba desarrollando.

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La supuesta detención de la invasion islamica en Francia

Notapor Historia » 2012 12 01, 10:48

¿Cuál es la verdadera personalidad que se esconde tras el apellido altisonante de Abd al Ramán ibn Alá el Gafeki (Al-Gafiqi), el vencido por Carlos Martel?
Más tarde, cuando aumentan las noticias gracias a una mayor abundancia de textos, descubrimos que los mayores escritores andaluces musulmanes llevan nombres árabes, como en el siglo XI Ibn Hayán, Ibn Haz, lbn Pascual. El apellido de este último a nadie engaña. Pero sabemos también que los cristianos que viven en tierra del Islam llevan apellidos arábigos. Juan Hispalense, el obispo, se llama Said Almatran. Recemonde se convierte en Rabi ibn Said. ¿Quién sin ser avisado sospecharía que Rabi ibn Sahib esconde la personalidad de un obispo que en el siglo X desempeñaba misiones diplomáticas al servicio de Abd al Ramán III?
Más aún. Hay cristianos que viven en el norte, en el reino de León, independiente de los emires y de los califas, que llevan apellidos árabes. Gómez Moreno ha coleccionado centenares en los cartularios de los siglos IX y X, redactados en latín. No son burgueses, ni gentes del pueblo, los alcanzados por la moda. Pertenecen a la aristocracia palatina y eclesiástica. Ha contado este autor más de cien llevados por personas que tienen una autoridad religiosa, entre los cuales se distinguen dieciocho abates y dos abadesas. Entre los cortesanos apunta diez jueces, cinco alguaciles, dos o tres mensajeros reales, un tesorero, un conde, dos apoderados del monarca, un jefe militar, etc. Varios centenares de apellidos corresponden a propietarios o a testigos que firman actas. Un sacerdote de León, llamado Froila, escribe el suyo con caracteres arábigos 333. Por todo lo cual se deduce una conclusión: Como el número de los verdaderos árabes que han llegado a España ha sido muy corto, probablemente menor que el de los monjes franceses de Cluny, se puede advertir que salvo excepciones contadas y determinadas por el contexto, los apellidos árabes que se hallan en los manuscritos de esta época se refieren a gentes de estirpe hispana."

Una vez aclarado este punto, volvamos a hacer la pregunta: ¿Cuál es la verdadera personalidad que se esconde tras el apellido altisonante de Abd al Ramán ibn Alá el Gafeki (Al-Gafiqi), el vencido por Carlos Martel?

Esos invasores arabes no eran arabes. Eulogio de Córdoba, alto clero católico de Córdoba, tratando de atacar a un tal Moacin (Mahoma) a quien acaba de conocer junto a su religion, escribe sobre el demostrando un total desconocimiento del personaje y su fe.

Teoricamente, segun la Ystoria Oficial, desde principios del siglo VII ocupaban los árabes -los turbulentos discípulos de Mahoma-, nada menos que los alrededores del Monasterio de Leyre, pues para invadir Francia tenían que haber franqueado el puerto de Ibañeta y dominado la región. Como el autor del texto había vivido en este o en otro cenobio cercano, no podía ignorar la clase de vecindad que le rodeaba, tanto más que habían sido desbaratados los discípulos de su biografiado por Carlos Martel en 733 y éstos a su vez, habían últimamente apabullado a Rolando en Roncesvalles. Nada de todos estos graves incidentes aparece en el texto. Más aún. Al situar la acción de Mahoma en lugares tan alejados de España, cuando según la historia clásica se desarrollaba también en los mismos lugares en que vivía nuestro autor, al ignorar su presencia en su propio solar, confirmaba indirectamente la extravagancia del mito. Su silencio respaldado por el de Eulogio que no había tropezado con árabes mahometanos en su viaje por Navarra se compaginaba con la extrañeza de Juan Hispalense y Alvaro de Córdoba que nada sabían de estas gentes. Si Tudela y Zaragoza hubieran estado entonces gobernadas por árabes, como nos lo dice la historia clásica, no hubiera aportado Eulogio el texto legerense a sus amigos andaluces como una noticia extraordinaria, no hubieran esos amigos intercambiado comentarios sobre el tema y el autor de la biografía hubiera hecho mención de la invasión de España por los árabes. Pues ¿no era para un cristiano hispano la conquista de su tierra la más importante de todas las hazañas atribuidas a los discípulos de este profeta «nefasto»?

la traducción del texto de Leyre hallado por San Eulogio:
"Nació el heresiarca Mahoma en vida del emperador Heraclio, el año séptimo de su reinado, en el curso de la era DCLVI "…
¡Después de siglo y medio de dominación árabe en España es todo lo que sabía sobre Mahoma y el Islam un especialista en la cuestión...! Ignora nuestro autor anónimo hasta la existencia del Corán. Esto sería explicable si hubiera sido escrita la biografía en la primera parte del siglo VII, a raíz de la muerte del Profeta; lo que dado el contexto histórico parece del todo improbable. Sea lo que fuere, se puede deducir de esta lectura algunos conceptos que no encuadran con las enseñanzas de la historia clásica.

la invasión de Francia por los árabes, aniquilados en Poitiers por Carlos Martel. Tuvo lugar el combate en 732. Nuestro autor escribe en 754; es decir 21 años más tarde. Vive en tierra musulmana y es conocido el hecho de que los cronistas bereberes o andaluces de esta religión ignoran o atenúan la pretendida derrota de sus antepasados. Por otra parte, los occidentales que nos cuentan el acontecimiento, los monjes Teófano, Pablo Diácono y el de Moissac, son lacónicos, inciertos y fabulosos: lo que ha inducido a los historiadores contemporáneos franceses, Emanuel Berl entre ellos, a sospechar de tal aventura a pesar de desconocer el alcance de nuestras tesis. En realidad no saben muy bien estos frailes lo que ha ocurrido. Escriben de acuerdo con ciertos rumores, un son que no podía menos de serle agradable porque se esforzaban con ello por anima a su fe y a la de su parroquia. Nuestro Anónimo sabe muy bien lo ocurrido y no ignora los detalles importantes. No cae en fábulas infantiles como Pablo Diácono. ¿No asegura éste que 375.000 árabes, es decir la totalidad probablemente de los habitantes de Arabia en aquel tiempo han perecido en la batalla? Describe las operaciones preliminares de los asaltantes y los movimientos tácticos de Carlos Martel. En una palabra, hace obra de historiador que se esfuerza en ser objetivo contando lo que ocurre en los dos campos enemigos. ¿Por que? No sólo porqué tiene mayor genio que los cronistas anteriores, sino también porque goza de la perspectiva que da el tiempo transcurrido, lo que los más ancianos no podían alcanzar.
¿Cómo desde su lejana Andalucía está mejor enterado que el monje de Moissac? Sugiere Tailhand que ha podido recibir alguna información oral o escrita de algún galo-franco, testigo ocular del acontecimiento... y ¿por qué no de algunos de los derrotados? Nada en su texto deja traslucir el testimonio del que ha presenciado un hecho importante; lo que siempre desprende un tufo sugestivo. …
De haber escrito nuestro Anónimo su crónica en el año 754, no hubiera podido sustraerse al ambiente de los vencidos con que tropezaría por la calle. Siendo cristiano ¿cómo no desacredita a los enemigos de su fe? Mas no lo ha hecho. ¿Cómo no indisponerse con la autoridad y los intelectuales musulmanes, doloridos por desastre tan cercano, si hubiera descrito la paliza sufrida por sus conciudadanos herejes? ¿Por qué, dadas estas circunstancias, no ha reducido el episodio a algunas palabras breves y concisas? No le vemos, al contrario, arriesgarse en larga parrafada que no podía menos que comprometerle. Sencilla es la respuesta a tal pregunta: escribe el Anónimo en una época en que la batalla de Poitiers, transfigurada por el mito, ha quedado en lejano episodio guerrero. No suscita el hecho pasión alguna.
Si se acepta la interpretación tradicional acerca de la fecha de nuestra crónica, hay entonces que admitir que el relato más importante y objetivo de la batalla de Poitiers tiene su origen en el campo de los vencidos, mientras que los vencedores no nos han transmitido más que relatos fabulosos. ¿No es esto extraordinario? Si la crónica ha sido escrita dos siglos más tarde, todo cambia. Ha podido el autor desempeñar el papel de un historiador. Tan sólo por imposición del mito ya cuajado quedaba desvirtuado el sentido de los acontecimientos. La incursión hacia la llanura francesa emprendida por pirenaicos había sido transfigurada en una invasión de Occidente por los árabes, como la prolongación natural de la de España.
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