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¿Kronstadt: final de la revolucion campesina y obrera rusa?

Algunos de los mitos historicos y sus posibles relecturas. La Historiografia no es una ciencia exacta. De hecho esta plagada de mitos e intereses nacionales o de poder, tergiversandolo todo.

Nosotros preferimos una vision desde el pueblo, desde la mayoria, no desde las minorias dominantes y militaristas, las que han estado escribiendo la historia hasta hoy.

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¿Kronstadt: final de la revolucion campesina y obrera rusa?

Notapor Ann.Onime » 2013 03 01, 6:22

“El partido comunista, señor del Estado, se ha separado de las masas. Ha demostrado su incapacidad para sacar al país del caos. Innumerables accidentes se han producido recientemente en Moscú y en Petrogrado, que demuestran claramente que el Partido ha perdido la confianza de los trabajadores. El partido no hace caso de las necesidades de la clase obrera, porque piensa que estas reivindicaciones son fruto de actividades contrarevolucionarias. Al actuar así, el Partido incurre en un grave error”. (Izvestia del CRP de Kronstadt. 3 de marzo de 1921).

Proclamó bien alto que no luchaban por una vuelta a la autocracia ni a la Asamblea Constituyente, sino por una regeneración del poder de los soviets liberado del dominio burocrático: “la defensa de los trabajadores son los soviets y no la Asamblea Constituyente”, (Pravda o Kronstadt. Praga 1921. P. 32) declaraban los Izvestia de Kronstadt.
En Kronstadt, el poder está en manos de los marineros, de los soldados rojos y de los trabajadores revolucionarios. No está en manos de los guardias blancos, mandados por el general Kozlovsky, como afirma engañosamente Radio Moscú”. (Llamada del CRP citada por I. Mett. p. 22-23).

El Estado Bolchevique tenia un aclara intencion de impedir que elementos verdaderamente revolucionarios les destronaran. Se habian enquistado en el Estado y no deseaban espacios de libertad entre ellos.

“Que los trabajadores del mundo entero sepan que nosotros, los defensores del poder de los soviets, protegemos las conquistas de la revolución social. Venceremos o moriremos en las ruinas de Kronstadt luchando por la justa causa de las masas proletarias” (Pravda o Kronstadt, p. 82).
Los anarquistas, ideólogos de la pequeña burguesía, hablan de Kronstadt como de su revuelta. A pesar de que, sin lugar a dudas ha habido influencias anarquistas en el programa de los insurrectos y en su ideología, las reivindicaciones no eran simplemente anarquistas. No reclamaban una abolición abstracta del Estado, sino la regeneración del poder de los soviets. Tampoco querían abolir los “partidos” como tales. Aunque muchos insurrectos abandonaron el partido bolchevique en aquella época y a pesar de que se publicaron muchas resoluciones confusas sobre la “Tiranía Comunista”, nunca reclamaron “los Soviets sin los comunistas” como se ha afirmado muy a menudo. Sus consignas eran de libertad de agitación a los diferentes grupos de la clase obrera y “el poder a los soviets, no a los partidos”. A pesar de todas las ambigüedades que comportan estas consignas, expresaban un rechazo instintivo de la idea de partido que suplanta a la clase, lo cual ha sido uno de los principales factores que han contribuido a la degeneración del bolchevismo.

El Comunismo de Estado tubo que aplastar la rebelión porque su programa económico de trueque y de libre cambio era una reacción "pequeño-burguesa" contra el proceso de “construcción del socialismo” en Rusia- socialismo significaba, por supuesto, la mayor concentración posible de Capitalismo de Estado.

"Una victoria de los marinos de Kronstadt habría podido abrir nuevas perspectivas a Rusia: una forma híbrida de desarrollo social con control obrero de las grandes fábricas y libre comercio de los productos agrícolas, basado en una economía campesina a pequeña escala y comunidades agrarias voluntarias”.

Los rebeldes de Kronstadt luchaban por la reconquista de un indispensable poder político proletario, los revolucionarios de hoy deben reconocer en la lucha de Kronstadt una defensa de las posiciones de clase fundamentales.

Fin de la revuelta:
La actitud intransigente del gobierno bolchevique eliminó rápidamente toda posibilidad de compromiso o de discusión. La advertencia apremiante que Trotsky dirigió a la guarnición pedía la rendición sin condiciones ni concesión posible a los insurrectos. El allanamiento emitido por Zinoviev y el comité de defensa de Petrogrado (el organismo que había sometido a la ciudad a la ley marcial después de la oleada de huelgas) es de sobra conocido por su crueldad como demuestra la consigna dada a los soldados: “disparad sobre ellos como si fueran perdices”. Zinoviev organizó también la captura de rehenes entre las familias de los insurrectos, bajo pretexto que el CRP había detenido a algunos oficiales bolcheviques (sin que sufrieran daño alguno). Los insurrectos consideraron estas acciones como infamantes y se negaron a plegarse ante las amenazas. Durante el asalto, las unidades enviadas para aplastar la rebelión estuvieron constantemente al borde de la desmoralización. Hubo incluso casos de fraternización con los sublevados. Para “asegurarse” de la lealtad del ejército destacaron a algunos eminentes dirigentes del Partido Bolchevique, que se encontraba entonces en sesión, para que dirigieran el sitio; entre ellos había miembros de la Oposición Obrera que querían dejar bien claro que ellos no tenían nada que ver con el levantamiento. Al mismo tiempo, los fusiles de la Checa estaban detrás, apuntando a los soldados; como seguro complementario de que la desmoralización no se propagaría.
Cuando cayó por fin la fortaleza, centenares de insurrectos fueron exterminados, ejecutados sumariamente o condenados rápidamente a muerte por la Checa. A los demás, los mandaron a campos de concentración. A la hora de reprimir, lo hicieron sin contemplaciones. Para borrar todas las huellas del levantamiento pusieron a la ciudad bajo control militar. Disolvieron el Soviet e hicieron una purga de todos los elementos disidentes. Hasta los soldados que habían participado en la represión de la revuelta fueron dispersos inmediatamente en unidades distintas para impedir que se propagaran “los microbios de Kronstadt”. Medidas análogas fueron tomadas con las unidades de la marina consideradas “poco seguras”.

Los bolcheviques, entonces comunistas estatalistas, consideraron que su función era tomar el poder de Estado y defender ese mismo poder contra la clase obrera en su conjunto. Por ello, cuando el estado se autonomiza con respecto a la clase y se levanta contra ella, como en Kronstadt, los bolcheviques consideraron que su sitio estaba en el Estado que luchaba contra la clase y abandonaron a la clase que luchaba contra la burocratización del Estado.

Uno de los dilemas principales de ese hecho es: ¿sólo pueden existir los consejos obreros, basta con eso?
Segun otros eso es predicar la guerra civil permanente, no sólo entre la clase obrera y la burguesía, (que, por supuesto, es necesaria en el perirodo de ocnstruccion de el nuevo sistema) sino también entre la clase obrera y todas las demás clases y categorías. En la Rusia del 17 esto habría significado una guerra entre los soviets de obreros y los de soldados y campesinos. Lo cual hubiera sido una terrible pérdida de energía y una desviación de la tarea primordial de la revolución mundial contra la clase capitalista.

En ningún momento podrá distraer la vigilancia del aparato de estado, porque la experiencia rusa, y en particular los sucesos de Kronstadt demuestran que la contrarrevolución puede aparecer por donde menos se piensa, como el Estado post-insurreccional, y no sólo por una agresión burguesa “exterior”.

La identificación del partido y el estado, y la del Estado y la clase, tuvo su conclusión lógica, cuando el partido se puso de parte del Estado y en contra de la clase. El aislamiento de la revolución rusa en 1921 convirtió al estado en guardián del statu quo, de la estabilización del capital y del avasallamiento de los trabajadores. A pesar de todas las buenas intenciones la dirección bolchevique siguió esperando el alba salvadora de la Revolución mundial durante unos cuantos años, se vio obligada a actuar, por su implicación en la máquina estatal, como un obstáculo a la revolución mundial, y fue arrastrada al triunfo final de la contra revolución estalinista. Algunos bolcheviques comenzaron a ver que ya no era el partido el que controlaba al estado, sino el estado quien controlaba al partido.
El triunfo del estalinismo no fue más que el reconocimiento cínico de esta situación, la adaptación final y definitiva del Partido a su función de capataz del estado capitalista. Esta fue la significación real de la declaración del “Socialismo en un solo país” en 1924.

La rebelión de Kronstadt puso al Partido ante una alternativa histórica de extrema gravedad: o seguir dirigiendo esta máquina burguesa para acabar siendo un partido del capital, o separarse del Estado y ponerse de parte de la clase obrera entera en su combate contra esta máquina, esta personificación del capital. Al escoger la primera de ellas, los bolcheviques, de hecho, firmaron su propia sentencia en tanto que partido del proletariado e impulsaron el proceso contrarevolucionario que se manifestó a la luz del día en 1924. Después de 1921, solo las fracciones bolcheviques que habían comprendido la necesidad de identificarse directamente con la lucha de los obreros contra el estado, podían seguir siendo revolucionarios y capaces de participar en el combate internacional de los comunistas de izquierda contra la degeneración de la III Internacional. Pero las alternativas históricas no suelen presentarse de modo claro en el momento en el que hay que tomar la decisión. Los hombres hacen su historia en condiciones objetivas definidas y las tradiciones de las generaciones pasadas abruman “los cerebros de los vivientes como una pesadilla” (Marx). Este peso angustioso del pasado aplastaba a los bolcheviques y sólo el triunfo revolucionario del proletariado occidental habría podido eliminar este peso permitiendo a los bolcheviques, o al menos a una fracción apreciable del partido, darse cuenta de sus errores y ser regenerados por la inagotable creatividad del Movimiento Proletario Internacional.
Ann.Onime
 
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