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Fué posible la vertiginosa conquista árabe-musulmana?

Prolongando y profundizando las tesis de Américo Castro e Ignacio Olagüe, su Historia General de Al-Ándalus sostiene que no hubo invasión islámica -estrictamente hablando-, en la península Ibérica, y expone -con argumentos consistentes y erudición-, que sucedió en realidad.

Fué posible la vertiginosa conquista árabe-musulmana?

Notapor 711 » 2012 05 09, 10:01

En el año 632 murió el profeta Mahoma y, previa cruenta guerra civil, por entre dos imperios en pleno apogeo, hostiles y enfrentados —Bizancio y la Persia Sasánida— sin un Corán recogido hasta medio siglo después, aprendiendo la lengua de los pueblos por los que atravesaron para poder manejarse en sus propias estructuras proto-estatales —ora el persa, ora el siríaco, ora el griego—, resulta que los sucesores de ese profeta-hombre de estado'481 —coetáneos suyos— espolearon cabalgaduras y no tuvieron tiempo de repostar poco menos que hasta el freno de Poitiers —Francia, donde cuenta la tradición que Carlos Martel placó el avance islámico—, exactamente cien años después —732. ¿Alguien se ha parado a mirar el mapa? Esto, que Lévi-Provencal denominaba el milagro histórico'49', quizá deba, simplemente, desestimarse por ilógico. Por acientífico. Por cita de cita sin fundamento. Por mito: interesante como explicación simbólica, pero desestimable como verdad.

Ese avance —poco menos que apocalíptico— de la caballería árabe y su parón repentino, salvífico, en Poitiers el 25 de octubre de 732 es una de las fantasías acuñadas más asentadas en la mente, no ya del pueblo llano árabe -algo que podría comprenderse—, sino en la de los más preclaros universitarios occidentales, interpretadores del llamado hecho islámico. Olagüe lo expresa magistralmente —en su cuidada prosa ingeniosa, como es habitual en él— en términos poco más o menos como sigue'5'1: nos dicen los cronistas —y lo que es aún más inaudito, si cabe; lo respetan los especialistas— que, por ejemplo, la actual Túnez caería definitivamente en manos de la imparable caballería árabe en el año 701. Desde luego, debían ponerse a correr los musulmanes, porque les quedaban miles de kilómetros, un mar, y sólo diez años para dominarlos. En una década hasta el 711, sólo da tiempo de ir recogiendo al vuelo las llaves de las ciudades por las que pasan y colocando predicadores del islam en cada aldea. Ni hablar de permisos para la tropa.
§ 4. Si no hay tiempo de que aquellas invadidas masas se resistan, menos aún de volver a casa. Que se olvidasen los jinetes árabes para siempre de sus familias. Arabia había quedado despoblada y su población multiplicada en el exterior. No tenían tiempo; ni siquiera para pararse a luchar, o a pensar cuánta gente y años hacen falta para predicar en cada aldea, o para acabar con cada mínima resistencia. Porque no podían retrasarse: tenían una cita ineludible con los historiadores en Guadalete, en 711, donde se asume que cayó Hispania. Y los historiadores no esperan a nadie.
La referencia no es jocosa; es patética. Las fechas han sido ajustadas posteriormente, sin el más mínimo contraste científico de las crónicas que las arrojan —y eso que son todas crónicas tardías, de las que habría que haber desconfiado por sistema. Y el proceso es muy similar a las noticias veterotestamentarias: de Adán y Eva a la diáspora judía en pocos miles de años-, ¿que debemos ajustar la Historia por imperativos religioso-políticos a las fechas del presente que conocemos, y desde aquí partir hasta hacer encajar en años redondos la creación del mundo? Pues digamos que los patriarcas vivían novecientos años, y así nos salen las cuentas generacionales. Ya redondearemos con Matusalén. De modo similar, las crónicas árabes del siglo X y posteriores deberán justificar y normalizar —como buenos órganos de propaganda— la llegada de nuevos contingentes a un Al Ándalus no tan drásticamente islamizado como nos cuentan. Ocurrirá más aún con la entrada de almorávides, almohades, beni-meriníes y tantas otras invasiones no censadas.
so General Bremond, Berbères et Arabes. París: Payot, 1950. Tras su avance por el desierto norteafricano durante la II Guerra Mundial —al frente de contingentes aliados en contra de Rommel-, se pregunta este general quién puede creerse el milagro de la caballería árabe. El general era consciente de la impedimenta que necesita una caballería, las dificultades de embarcar caballos, la ingente cantidad de agua que deben llevar en su avance... El general Bremond lo plantea a las alturas de movilidad de un ejército moderno: la dificultad se multiplica con las capacidades proto-medievales. " Ignacio Olagüe, La revolución islámica... pág. 36.

§ 5. Las crónicas retro-alimentan la memoria histórica haciendo mucho más larga la presencia militar y política islámica en la península ibérica. ¿Que el modo de hacerlo es mediante la larga y milagrosa sombra de una ya condensada islamización de dos siglos, porque se consumó en tres años, de 711 a 714?, pues el filólogo, a traducir propaganda por verdad, sin pararse a pensar qué significa llegar de Meca y Medina a Damasco y de ahí a Poitiers —por no hablar de cómo se trepa el mapa hacia Oriente— en menos de un siglo.
Y lo milagroso no es el hecho en sí, que sería remotamente plausible dadas unas circunstancias: partiendo de conquistas en el llamado efecto dominó social, como la de los llamados pueblos del mar en la Historia Antigua del Próximo Oriente o la de los bárbaros centro-europeos en los limes de Roma —desplazamiento de procesos migratorios, presión consecuente respondiendo a presión causal: el árabe empuja al egipcio, éste al tunecino, que a su vez empuja al argelino y así hasta Don Pelayo.
No; lo milagroso es que llegan tropas con miles de efectivos, con caballos, con una religión establecida y un idioma consolidado. Y desde el 711 hasta el 756 se producen, en la raptada Hispania, guerras civiles. Pero —esto es lo milagroso— esas guerras no son entre clanes visigodos —porque se esfuman, desaparecen, se evaporan las tropas visigodas. Ni siquiera bizantinos, a los que los historiadores borran del mapa. 0, qué podemos imaginar, entre avances lusitanos e hispano-romanos; algún reducto suevo en Galicia, francos filtrados por los Pirineos...
§ 6. En absoluto: según las crónicas, ya no hay nadie en la península anterior al 711. En aquel medio siglo de guerras civiles —según las crónicas posteriores— se producen entre familias... ¡de la península Arábiga! Kalbíes y Qaysíes -norte y sur de Arabia. Pero: ¿cuánta gente vivía en esa península centrifugadora? ¿Nadie se quedó en su casa? ¿Nadie se repartió por el resto del mundo, sino que todos se vinieron a Al Ándalus a proseguir sus peleas por pozos y camellos? Y lo que resulta más milagroso, ¿nadie más intervino en las grescas vecinales procedentes de un desierto a cinco mil kilómetros? ¿No había nadie más en la antigua Hispania, la tierra que llevó doscientos años conquistar a Roma, Pasando por inusitadas resistencias numantinas, del mismo modo en que los cartagineses pasaron por sus saguntinas? ¿De verdad hay que seguir destripando mentes trucadas —trufadas de propaganda islamista— sin levantar la nariz del entre-líneas?
La cosa se agrava aún más al conservarse fuentes —igual de poco fiables, pero al menos reconociendo dificultades— relativas a lo lenta y complicada que resultó la conquista del norte de África. Pues claro que resultó difícil. Como que una conquista no es una invasión milagrosa. El avance del islam por el norte de África sólo es comprensible imaginando que debió ser como el avance por Hispania-. más como una larga secuencia de aventuras aisladas que una conquista e invasión premeditada. Más la solución natural de un siglo de guerras civiles que dos contendientes a la gresca. Al Ándalus y el Magreb encierran más interés histórico en el relevo de Roma o sus nacimientos como evolución —respectivamente— de Hispania y Mauritania Tingitana, que caídos del cielo por obra y gracia de caballerías milagrosas.
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