Foro sobre historia disidente de la Version Oficial y foro sobre neoruralidad y la Revolucion Integral inspirada en los estudios de Felix Rodrigo Mora.

Expansión de la lengua y cultura árabe en Hispania

Presentacion y de discusion general.
Resumen del argumentario antiinvasionista y discusión.
Critica de las fuentes, cuestiones militares, situacion de los conflictos religiosos concomitantes -especialmente en Hispania-, o como se creó la leyenda del poderio árabe y como eso enmascaró la verdadera naturaleza del proceso historico que se estaba desarrollando.

Moderadores: 711, Historia, Ann.Onime

Expansión de la lengua y cultura árabe en Hispania

Notapor Historia » 2012 11 10, 7:38

Sabemos ahora que no ha sido así. Han necesitado mucho tiempo el idioma árabe y el Corán para arraigar en las poblaciones. Podemos apreciar con testimonios contemporáneos la situación lingüística existente en Andalucía a mediados del siglo IX. En líneas generales, los mayores hablaban mal el árabe, como Nazar, el primer ministro de Abd al Ramán II; así nos lo afirman San Eulogio y otros autores. En contraste, las nuevas~ generaciones ciudadanas, según Alvaro, lo manejan a la perfección y se entusiasman con su literatura.

Se expresaba el pueblo, sobre todo la gente del campo, en un bajo latín, el romance, que constituye la base del futuro español. Pruebas suficientes nos enseñan que los musulmanes del X y del XI lo practicaban aún. Abd al Ramán III, el mis poderoso de los emires y de los califas, lo empleaba corrientemente como lo ha demostrado Levi Provençal (Provenzal) en su Historía de los musulmanes de España. En el XI lo hablaba gran parte de la población cordobesa.
Por la política de Abd al Ramán II y por la intensificación de las relaciones con el Oriente musulmán, se acentuó el proceso de arabización y los esplendores de la civilización árabe llegaron a ser deslumbrantes. (ascendencia islamica) Se volvió la idea irresistible. Los hispanos, cristianos y musulmanes, llevan nombres patronímicos árabes y para realzar el prestigio de sus familias se forjan los poderosos genealogías que les entroncan ¡con las tribus de Arabia! Es una manía que ha padecido España —acaso también otras naciones— según las seducciones de la moda. Existía ya en la época romana en que los hijos de los nuevos ricos buscaban combinaciones para emparentar con las grandes familias del Lacio. En tiempos de los godos y más tarde llevan las gentes llamadas bien apellidos germánicos. Lo mismo ocurría en las Galias en los días de Carlomagno. …
La presión de la moda era tan poderosa que no poseía una ascendencia judía un carácter peyorativo. Clarísimo era el caso. Había que rechazar el entronque con los israelitas que eran culpables de deicidio; pero no con los anteriores a los tiempos de Jesús. Peñalosa, un fraile erudito del siglo XVII, asegura que semejante parentesco era una dicha pues no eran idólatras estos antepasados, como los romanos y otras gentes menudas, sino monoteístas. De ahí venía una superioridad heráldica 330. En una palabra, en los siglos IX y X cualquier personaje importante puede demostrar una ascendencia árabe entroncando con cualquier tribu hambrienta del desierto. Tan sólo se impone un requisito. No empeñarse en querer emparentar con el Profeta, pues no es prudente competir con los Omeyas cordobeses, quienes madrugaron y se hicieron con las mejores localidades. ¿Para qué entristecerse? Siempre es posible reivindicar un lazo familiar con Adán o con su nieto el padre Abraham 331.
Así se explica cómo los jefes unitarios en las guerras del VIII llevan apellidos árabes. Interviene de una parte la imposición heráldica en todo su apogeo cuando escriben los cronistas árabes y también su ignorancia del latín. Convierten con mayor o menor acierto sus apellidos latinos en arábigos. Se descubre la transposición cuando conocemos ambos apellidos gracias a los cronistas de ambos bandos. Así, don Opas es llamado Ebba en Ajbar Machmua; Ona en Pato al Andaluci. * Julián se transforma en Yulian Julián Olbán, Bailan, Iliam, liban, en las crónicas escritas en árabe 332. Pero, como después de 711 son mudas las cristianas acaecidas de lo ocurrido en fechas posteriores, la reconstitución de los nombres latinos de los unitarios que se han distinguido en los acontecimientos se convierte en una enigma. ¿Cuál es la verdadera personalidad que se esconde tras el apellido altisonante de Abd al Ramán ibn Alá el Gafeki, el vencido por Carlos Martel?
Más tarde, cuando aumentan las noticias gracias a una mayor abundancia de textos, descubrimos que los mayores escritores andaluces musulmanes llevan nombres árabes, como en el siglo XI Ibn Hayán, Ibn Haz, lbn Pascual. El apellido de este último a nadie engaña. Pero sabemos también que los cristianos que viven en tierra del Islam llevan apellidos arábigos. Juan Hispalense, el obispo, se llama Said Almatran. Recemonde se convierte en Rabi ibn Said. ¿Quién sin ser avisado sospecharía que Rabi ibn Sahib esconde la personalidad de un obispo que en el siglo X desempeñaba misiones diplomáticas al servicio de Abd al Ramán III?
Más aún. Hay cristianos que viven en el norte, en el reino de León, independiente de los emires y de los califas, que llevan apellidos árabes. Gómez Moreno ha coleccionado centenares en los cartularios de los siglos IX y X, redactados en latín. No son burgueses, ni gentes del pueblo, los alcanzados por la moda. Pertenecen a la aristocracia palatina y eclesiástica. Ha contado este autor más de cien llevados por personas que tienen una autoridad religiosa, entre los cuales se distinguen dieciocho abates y dos abadesas. Entre los cortesanos apunta diez jueces, cinco alguaciles, dos o tres mensajeros reales, un tesorero, un conde, dos apoderados del monarca, un jefe militar, etc. Varios centenares de apellidos corresponden a propietarios o a testigos que firman actas. Un sacerdote de León, llamado Froila, escribe el suyo con caracteres arábigos 333. Por todo lo cual se deduce una conclusión: Como el número de los verdaderos árabes que han llegado a España ha sido muy corto, probablemente menor que el de los monjes franceses de Cluny, se puede advertir que salvo excepciones contadas y determinadas por el contexto, los apellidos árabes que se hallan en los manuscritos de esta época se refieren a gentes de estirpe hispana. La expansión de la civilización árabe era pues función de los instrumentos de su propagación. El proselitismo animado por los mercaderes, el establecimiento de relaciones intelectuales, la difusión de libros, su lectura y asimilación, la predicación de los «profetas», el reconocimiento del prestigio de los nuevos conceptos, podían solamente con el paso de los años alcanzar su objetivo.

A fines del siglo VIII en Tudmir aún se vivía un ambiente hispano-visigodo y en el siglo XI, Ibn Sida dice que los habitantes del Sureste no hablan bien árabe. Pero cuando las tropas castellanas entran en el siglo XIII se hallan ante una población islamizada que habla en árabe
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