Foro sobre historia disidente de la Version Oficial y foro sobre neoruralidad y la Revolucion Integral inspirada en los estudios de Felix Rodrigo Mora.

Emilio G Ferrin y la nula fiabilidad de las crónicas

Aqui se muestra la critica a las fuentes: aquellos documentos, las cronicas cristianas y musulmanas que los historiadores han estado usando para demostrar que hubo una invasion árabe de Hispania... y los documentos y relatos que vendrian a refutarla.

Moderadores: Historia, Ann.Onime

Emilio G Ferrin y la nula fiabilidad de las crónicas

Notapor Historia » 2012 02 03, 12:47

Conocemos la historia de Al Ándalus a través de crónicas posteriores a los 800. Alrededor de ciento cincuenta años después de la supuesta conquista o inicio de invasiones. Con un poder central islámico en proceso de constitución en torno a Córdoba, se escribirá la Historia enfocándola al presente del cronista. En cualquier caso, no hay historiador árabe que ose remitir a hecho alguno relevante, o producción cultural destacable en Al Ándalus anterior a los alrededores de 850.

Extraido de de los estudio de Emilio G Ferrin, arabista y profesor de la universidad de Sevilla

" Ibn Hazm, genial autor de El collar de la paloma. .... ... De su obsesión por ser árabe. Por ser rubio, pálido, ojos claros. .. Por las calles de una capital en fase de berberización —ahora sí-. De oscurecimiento de piel. Eso que tanto horrorizaba a Ibn Hazm —de nuevo— dada su obsesión por ser árabe.
... nos sorprende con la única fuente realmente fiable —¿de veras?— de los orígenes árabes de todo lo andalusí: Tratado de los multitudinarios linajes árabes. ...
¿Que un pueblo se llama —pongamos por caso— Zenata? Pues sencillo; es que provenía su población de las cabilas bereberes de los zeneta. Y nos quedamos todos tan panchos. En esa interpretación del mundo, todas las Córdoba de América fueron en su origen sedimento de emigración cordobesa.

... Ibn Jaldún, 1332-1406e ... Su ciudad ideal es la no-ciudad. La caravana, el oasis de sinceridad primitivista, auténtica.
Este historiador, tunecino de ascendencia sevillana, avezado ciudadano de la segunda mitad del 1300, desencantado de polis y politesse, plantea que la esencia del estado islámico es lo árabe, que árabe es equivalente a beduino, y beduino equivale a beréber. En ese momento, acaba de preparar el caldo de cultivo de la propaganda norteafricana. No: el islam es esencialmente sedentarización urbana. No; los árabes de la península Arábiga no son los tuareg norteafricanos. Y —por último y definitivo—: las dinastías norteafricanas —almorávides y almohades— son un elemento absolutamente exótico en el islam.
Queda admitido que todo autor posterior —en este caso, el imprescindible Ibn Jaldún— deba contar con los contigentes bereberes y con las dinastías norteafricanas invasoras —almorávides, almohades, benimeriníes y demás— como una absoluta normalización de lo árabo-islámico posterior al año 1000. Pero admítase con ello que las dinastías norteafricanas cambian la estructura social del islam —hecho de algún modo discutible— y de Al Ándalus —indiscutible. Imprimirán carácter, sin duda; pero son un componente exógeno. Su tipología no nos sirve Para comprender la de norte de África del 700.

La propaganda norteafricana

Por lo tanto, podemos deducir abiertamente que la muy posterior propaganda norteafricana incide en esa tuaregización de todo, movida por la natural inclinación legitimista de unas dinastías que desde el desierto se hacen con las urbes del norte y pasan a Al Ándalus como conquistadores. Desde 1086 hasta 1232, tal propaganda impregna toda crónica redactada a ambos lados del Estrecho. Muy especialmente los almohades —desde mediados de 1100— procederán sistemáticamente a justificar su invasión.
Puesto que somos musulmanes—dirán en su defensa— y aquí había musulmanes, esto no es una invasión. La afirmación anterior es una de las grandes falacias interpretativas en la historia de Al Ándalus. ¿Es menos cruenta la invasión alemana de Polonia por coincidir en la religión; la napoleónica de media Europa? Seguimos, en ese caso, anclados en la estupidez de las identidades religiosas.
... se repintan los blasones, islamizando en sus crónicas a todos los personajes hispanos.

La muy tardía época del primer gramático del árabe -Sibawaihy, m. 795—, el testimonio en griego de Juan Damasceno -m. 750— y las cartas latinas del cordobés Eulogio -m. 859— ponen en entredicho la fijación de un canon coránico o la arabización de Occidente antes del año 800. En tal caso, ¿en nombre de qué o en qué idioma pudo producirse cuanto quiera que se produjese en 711? Ésta es la base de nuestro rechazo a una invasión árabe o en nombre del islam, o -siquiera— compuesta por bereberes que, al fin y al cabo, en esa fecha no eran aún los hombres azules del desierto que llegarían casi tres siglos después. Beréber es transcripción de barbarus —latín— o barbaroi -griego—; bereberes serían, así, San Agustín, Masinisa, Yugurta o Apuleyo; sin turbante azul ni té verde.
Este rechazo a la versión oficial de un creacionismo andalusí se basa también en la pregunta historiológica por excelencia en esta materia: ¿por qué no se habla de invasión islámica hasta crónicas tan tardías como el Ajbar Machmúa-a mediados de los 800— o las llamadas Crónicas Asturianas-más tarde del 880—? ¿Por qué el débil testimonio de ese hapax documental que es la mal llamada Crónica Mozárabe-en torno al 754— resulta ser el único fiable cronológicamente y no incluye términos como islam, Mahoma, musulmán, Corán, pero se dedica a criticar las versiones encontradas de los cristianos peninsulares? ¿Por qué una tierra tan culta no escribe sobre la tragedia única y localizada del 711 hasta -al menos— ciento cincuenta años después?
(La alusión a la denominación mozárabe -mal llamada— responde a que tal término significa arabizado-, lo último que querían ser los resistentes al avance de la arabización andalusí. Ni el impulsor del término, Simonet, ni el catalogador de la Crónica Mozárabe, Menéndez Pidal, tuvieron esto en cuenta).
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Emilio G. Ferrin critica las FUENTES DOCUMENTALES

Notapor Historia » 2012 02 03, 1:29

Las cronicas se dan de bruces contra la documentacion de ciertos personajes de la época; Eulogio de Cordoba y Alvaro de Sevilla, en Hispania, y contra Juan Damasceno, en Damasco. Las crónicas hablan de dominio arabe, invasion arabe, del islam, y estos personajes NO SABEN NADA ACERCA DE ESAS COSAS durante los sucesos y hasta un siglo despues de la "invasion árabe" de Hispania .

de su obra "Europa entre Oriente y Occidente" (resumen)

"San Juan Damasceno —muerto en 754— no era ningún indocumentado. Su padre, Sergio, había sido el factótum de los árabes en Damasco; el negociador, arbitro y regulador de las cuestiones nativas. Es decir; todas. ...

Estos recién llegados instalaron su punto de reunión en una antigua basílica cristiana. En tiempos de transición como los que nos ocupan, los futuros campeones de la iconoclasia —ausencia de imágenes en los templos— mantendrán en ese templo los mosaicos bizantinos alegóricos del árbol de la vida. También conservarán el frontispicio con letras griegas en el exterior. Ese frontispicio y esos mosaicos aún pueden verse hoy día, porque el templo en cuestión es la mezquita de Damasco, modelo de futuras realizaciones similares.

Así, los árabes pasarían a controlar Damasco supuestamente desde el año 635. A defenderla. A aprovechar sus recursos. Pero difícilmente podían participar en su vida pública, porque —en principio— no entendían el griego o el arameo/siríaco; las lenguas diplomáticas y administrativas de la época en la zona.

Esos árabes eran una fuerza coercitiva muy cohesionada en virtud de la revolución emprendida en el corazón del desierto árabe. Básicamente, se trataba de que la cohesión social ya no se basaba en los lazos de sangre, sino en la vida comunitaria con un simple voto: no hay dios aparte de Dios. Ni Hijo, ni Espíritu Santo, ni homo-ousion, ni ninguna otra complicada aportación dogmática. Esos sarracenos no basaban su fe en mucho más, por el momento.

En Damasco, necesitaban a Sergio, el padre del futuro San Juan Damasceno. Sergio era a su vez, por añadidura, el hijo del negociador de la rendición de Damasco, por lo que puede percibirse una cierta nobleza colaboracionista que no es depurada, sino que asiste al clásico vino viejo, odres nuevos.

Y volvemos a la documentación de Juan Damasceno: hijo del factótum de los árabes, y nieto del negociador de la rendición de la ciudad, situado en la vanguardia del Oriente Próximo que recibió las primeras oleadas proto-islámicas, no se dedicaba el futuro santo al comercio o a las armas. Teólogo de reconocido prestigio, este Juan de Damasco gastó su vida pública y sus horas de trabajo en combatir a una secta determinada que venía haciendo estragos en su ciudad: los iconoclastas; los creyentes monoteístas que irrumpían en los templos despojándolos de sus símbolos, figuras y policromía. Y este hombre formado, avezado en las discusiones teológicas, frente a frente con el primer islam, lo califica de otra herejía más en el etéreo monoteísmo oriental. Los reconoce, porque lleva tiempo enfrentándose a iconoclastas'.

El Damasceno se hallaba, de hecho, en el ojo del huracán. En el año 685, un tal Abdel Malik fue nombrado califa en su ciudad. Era una situación complicada; incluso extraña: ¿en virtud de qué podría el mundo sospechar que el islam era un torbellino cuyo epicentro nacía en Medina e iba desplazándose con fuerza incrementada —Meca, Damasco, Bagdad, Estambul...? Desde las alturas del tiempo ya pasado, es muy fácil trazar los recorridos. Pero imposible preverlos un tiempo antes. Ser califa en Damasco era cualquier otra forma de nombrarse a quien mandaba. Al fin y al cabo, decían que significaba representante, en árabe. Como ahora eran árabes los señores de las fuerzas coercitivas de la ciudad, los mismos que iban extendiéndose hacia Iraq, pues era coherente que se auto-denominasen en árabe. Tampoco podía sospechar —el damasceno medio—, que detrás de todo esto vendría un futuro imperio, o una fe nueva asociada a medio Mediterráneo.



...
En esas estábamos cuando se produjo un curioso acontecimiento: el viaje de un cristiano cordobés, Eulogio, a la Pamplona de la primera mitad de los 800.
Desde Menéndez Pelayo y Dozy hasta Olagüe, pasando por un entusiasta Simonet re-interpretado por Sánchez-Albornoz, todos los mozarabistas confieren una importancia crucial a las andanzas del proto-mártir Eulogio de Córdoba. La cuestión no es baladí: Eulogio forma parte de un grupo —junto con Alvaro y Speraindeo— de cristianos cordobeses comprometidos con dos causas en declive: la ortodoxia cristiana, y la preeminencia del idioma hispano-romano, lo que quiera que esto significase para ellos, probablemente un latín reverenciado y explicado en romance fronterizo. Estos estudiosos cristianos cordobeses se dedicaban en sus arengas y escritos a cuanto aquel temprano Juan Damasceno había iniciado en la capital proto-omeya: a enderezar herejías. Y la cosa tiene su recámara, dado que resulta efervescentemente curioso que, a las alturas del tiempo que nos ocupa, aún se estuviese planteando el islam cordobés como una herejía cristiana.

Y ahí estriba la trascendencia del viaje y la labor posterior del Eulogio de Córdoba: cerca de Pamplona, concretamente en el monasterio de Leyre, Eulogio leyó en latín una biografía denostatoria de Mahoma. Las cartas de Eulogio a simpatizantes cordobeses y sevillanos —insistimos, en plenos años 800—. muestran sorpresivamente que el viajero se pregunta quién es este Mahoma, y qué vicio anti-cristiano podía estar detrás de la patente arabización de Córdoba. Resulta a todas luces impactante que ni Eulogio o Alvaro de Córdoba, ni el abad Esperaideo, ni Juan Hispalense hubieran oído hablar de Mahoma. Todos esos cristianos militantes creían combatir una herejía anti-trinitaria más, la manía iconoclasta que había entrado en Córdoba y que —como curiosa orientalizacion- venía incrementando un idioma ajeno-, el árabe.

Es poco probable que el propio Islam supiese qué era y a dónde iba. Desde la muerte del Profeta en 632, había habido más conflicto en el seno de la Umma —comunidad islámica— que entre ésta y el exterior. Y de la atenta lectura de la propia narración coránica —por aquellas fechas, aún sin redacción fijada—, se deduce que el concepto de Guerra Santa asociado al término yihad proviene de una fase post-coránica; posterior a la muerte del profeta. El yihad como guerra santa es islámico; no coránico; es una aportación medieval surgida de la necesidad de argumentar religiosamente una cohesión militar. No es un requerimiento religioso previo. Por lo tanto, es erróneo plantear un Islam consciente de su futura heredad romana; imparable desde el arranque y motorizado por efecto del ínclito yihad.

...

No es este un tema que debamos eludir, dado que está en las fuentes mismas de la expansión del islam. Por lo tanto, si; hay guerra en el Corán. Podemos localizar cinco términos bien concretos, sendos derivados de los verbos HRB -guerrear-, QÁTALA —combatir-, DRB —golpear—, B'S —aplicar la fuerza—, e IJTAsAMA —pelear. Pero no yihad, que es esfuerzo, perseverancia, tesón, insistencia. Cabeza dura de creyente convencido. Con el tiempo, con las guerras intestinas en el seno del propio islam, con la escisión chií, con las Cruzadas, ya habrá ocasiones de justificar teológicamente la muerte de un semejante para no ir al infierno. Pero no en el tiempo que nos ocupa-, el yihad no fue el motor de la expansión islámica. Lo fue la cohesión social, el anti-bizantanismo, y sobre todo la adecuación provechosa a los tiempos.

Remitimos a cuanto afirmábamos en la ponencia «La palabra descendida y la guerra», en Cuadernos del CEMYR (Centro de Estudios Medievales y Renacentistas). La Laguna, 2005.


Con el cambio de siglo de los 700 a los 800, ya sí se podía percibir en Al Ándalus que se llamaría islam a toda la amalgama antitrinitaria, anti-bizantina, anti-goda; a toda la panoplia de orientalizados, desheredados y últimos pescadores godos en épocas de río revuelto. Frente a la clarificada islamización y arabización de Al Ándalus, se desataron en Córdoba unas revueltas de clara impronta religiosa; que siempre es excusa y no causa. Y las desencadenaron cristianos viejos que percibieron cómo la lengua árabe se hacía dueña de la calle y el templo. Y cómo el templo comenzaba a llamarse mezquita.



Ni Eulogio —santificado por la Iglesia— ni ninguno de los militantes cristianos —llamados mozárabes— hablaban aún de musulmanes en frente, sino de heréticos. Poco a poco, irán cambiando las denominaciones en este Al Ándalus que comenzaba a ser —ya sí— tal y como se nos cuenta. Estos mozárabes cordobeses asistían a las numerosas conversiones al islam de sus acólitos como si del fin del mundo se tratase. También fueron testigos de la clave del esencialismo andalusí: la práctica habitual del árabe como lengua de todos, incluidos los cristianos ortodoxos, cuya seña de identidad lingüística latina romanceada iría retrocediendo hasta la liturgia.
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¿Podemos confiar en las crónicas para saber que sucedió?

Notapor Historia » 2012 05 05, 6:31

Desconfiar de las crónicas
§ 1. Este consejo guarda relación con todo lo anterior, sin que tengamos ya que recargar las tintas en contra de la huera traducción de materiales propagandísticos tomados por la verdad histórica. Pero es que conocemos la historia de Al Ándalus a través de crónicas posteriores a los 800. Alrededor de ciento cincuenta años después de la supuesta conquista —dicen— o inicio de invasiones —decimos. Con un poder central islámico ya constituido en torno a Córdoba —en realidad, en proceso de constitución—, se escribirá la Historia enfocándola al presente inductor del cronista. En cualquier caso, no hay historiador árabe que ose remitir a hecho alguno relevante, o producción cultural destacable en Al Ándalus anterior a los alrededores de 850.
Este casi siglo y medio de fértil proceso crítico —desde los inicios admitidos en 711— anula todo vestigio de la desorbitada cabalgada que tenemos grabada en nuestra memoria histórica. De acuerdo-, puestos a disecar la Historia con fechas inamovibles, ahí empieza Al Ándalus: a mediados del siglo IX. Se decanta el remolino demográfico, bélico, de desastres como las hambrunas previas a esas fechas.
§ 2. El médico Ibn Yulyul y el geógrafo Ibn Said, por separado y desde ramas del saber diferenciadas, coinciden con nosotros —en realidad, nosotros con ellos— en este punto. Ambos historian Al Ándalus sin mayor ánimo aparte de cantar los logros andalusíes, y resulta que no los encuentran antes de esa fecha: alrededores de 850. ¡Qué generosa casualidad nos ofrece la Historia al relatar que surgen entonces las insurrecciones, el martirologio de supuestos mozárabes! —en realidad, aún simplemente cristianos hispano-romanos. Nada de mozárabes —musta'arab, arabizado—. no hablan árabe, sino latín. Los estertores de la Hispania aún irredente.
Los cordobeses expulsados del barrio de Secunda y que aparecen en la fundación de la ciudad marroquí de Fez, ¿hablarían árabe o latín hispano-romano? Porque a Eulogio y Alvaro de Córdoba les escandaliza que la gente comprenda más el árabe, y sin embargo no parecen vivir en un entorno islamizado. Lo árabe y lo islámico no parece que corrieran parejos. El martirologio de los cristianos cordobeses es parte de la reacción a la islamización: comenzaba la invasión ideológica de Hispania. Hasta entonces, nada era verdaderamente diferente de lo anterior en progreso. Sí lo era en su corte sincrónico comparado con cien años atrás.

§ 3- Uno de los grandes mixtificadores de Al Ándalus es el insigne Ibn Hazm, genial autor de El collar de la paloma. Habría que hacer un estudio freudiano —o lacaniano, más específicamente— de este intelectual sin par en la historia de España. Desde su infancia en los harenes a su muerte alejado del mundanal ruido. Es un Petronio venturoso; afortunado porque Al Ándalus no tiene en esa época ni Nerón alguno en una Córdoba descalifatada. Es una lástima que Gregorio Marañón no lo incluyese en sus elucubraciones historico-psico-biológicas. Ibn Hazm habría dado más páginas sustanciosas que el pobre incomprendido Enrique IV o el mito de Don Juan.
Si Marañón fotografió a indigentes toledanos para demostrar que El Greco era pintor naturalista o retrató a un seductor preso de su débil virilidad, ¡qué no habría escrito de Ibn Hazm! De su obsesión por ser árabe. Por ser rubio, pálido, ojos claros. De la mano de sus colegas —el etéreo círculo de los llamados estetas de Córdoba-, Bloodsbury califal de última hora. Por las calles de una capital en fase de berberización —ahora sí. De oscurecimiento de piel. Eso que tanto horrorizaba a Ibn Hazm —de nuevo— dada su obsesión por ser árabe. Luego entonces, ¿no lo eran todos?
§ 4. Así las cosas, este señor —por tercera y última vez—, obsesionado por que su sangre proviniese de estirpe árabe —la obsesión omeya—, nos sorprende con la única fuente realmente fiable —¿de veras?— de los orígenes árabes de todo lo andalusí: Tratado de los multitudinarios linajes árabes. Y los investigadores del tratado —en cuyo título ni siquiera aparece lo andalusí; no existe como ente diferenciable— acuden a sus páginas como a un atlas para saber de dónde venía la población de cada terruño andalusí.
¿Que un pueblo se llama —pongamos por caso— Zenata? Pues sencillo; es que provenía su población de las cabilas bereberes de los zeneta. Y nos quedamos todos tan panchos. En esa interpretación del mundo, todas las Córdoba de América fueron en su origen sedimento de emigración cordobesa. El de Ibn Hazm es un mapa, sí. Podemos acudir a él como acudimos al mapa que incluye J.R. Tolkien en el proemio de El señor de los anillos. Para no perdernos en la novela andalusí.
§ 5. Por otra parte, colateralmente nos afecta también cuanto el historiador por excelencia —Ibn Jaldún, 1332-1406— escribió para ilustrar la comprensión de la Historia en bloque —es el padre de la filosofía de la Historia— o cuanto escribió para avalar su teoría política de la platónica sociedad perfecta. Así, en su monumental Historia de las experiencias*, podemos encontrar ambas ilustraciones-, en el tomo inicial —célebre introducción conocida como la Muqaddima o Prolegómenos— desarrolla su teoría política, de imperdonable lectura por todo historiador o sociólogo que se precie. Pero a lo largo de los volúmenes siguientes, nomadiza —permanentemente y a perpetuidad— al árabe.
Este pensador de lo social no puede hacer menos: su leviatánico tratado nos ofrece básicamente los términos del contrato entre pueblo sumiso y líder carismático que basa su poder en la firmeza, así como el poder del pueblo en la textura de cohesión social —asabiya. Su ciudad ideal es la no-ciudad. La caravana, el oasis de sinceridad primitivista, auténtica.
§ 6. Ibn Jaldún es el antecedente directo de Rodolfo Valentino cabalgando de oasis en oasis. Este historiador, tunecino de ascendencia sevillana, avezado ciudadano de la segunda mitad del 1300, desencantado de polis y politesse, plantea que la esencia del estado islámico es lo árabe, que árabe es equivalente a beduino, y beduino equivale a beréber. En ese momento, acaba de preparar el caldo de cultivo de la propaganda norteafricana. No: el islam es esencialmente sedentarización urbana. No; los árabes de la península Arábiga no son los tuareg norteafricanos. Y —por último y definitivo—: las dinastías norteafricanas —almorávides y almohades— son un elemento absolutamente exótico en el islam.
Queda admitido que todo autor posterior —en este caso, el imprescindible Ibn Jaldún— deba contar con los contigentes bereberes y con las dinastías norteafricanas invasoras —almorávides, almohades, benimeriníes y demás— como una absoluta normalización de lo árabo-islámico posterior al año 1000. Pero admítase con ello que las dinastías norteafricanas cambian la estructura social del islam —hecho de algún modo discutible— y de Al Ándalus —indiscutible. Imprimirán carácter, sin duda; pero son un componente exógeno. Su tipología no nos sirve Para comprender la de norte de África del 700.

Noé recaló en Hispania-, para seguir por esos derroteros legendarios, como en el fragmento siguiente: ...hasta que Alejandro Magno fue a Hispania, y supo que sus habitantes estaban en continua guerra con los del sur. Este rey, hizo venir ingenieros y les indicó el lugar donde hoy está el Estrecho, pero que entonces estaba cubierto de tierra, y les ordenó medir y comparar el nivel de los dos mares [...] y así se construyó un canal entre Tánger y España.
§ 6. Por su parte, el ya aludido al-Himyari no sólo mantiene las visiones míticas de los anteriores, sino que las amplía, siempre respetando la localización ptolemaica del cuarto clima: se dice que los primeros hombres que tomaron posesión de Al Ándalus fueron los hijos de Tuba!, de Jjafet y de Noé. Sus reyes llegaron a ser ciento cincuenta [...]. Por añadidura, este comentarista geográfico incorpora para la leyenda de Al Ándalus un pasaje significativo: siguiendo la costumbre, sucedió que Julián, el gobernador de Ceuta, a cargo de Rodrigo, le envió a la corte una hija: era de una gran belleza y su padre la amaba mucho. Rodrigo puso los ojos en ella, le gustó y abusó de ella. [...] Se cuenta que cuando Julián entró en casa de Rodrigo para pedirle permiso y así poder llevarse a su hija, el rey Je dijo: cuando vuelvas a vernos, procúranos halcones de raza para nuestras cacerías. Julián le respondió: Oh rey, te juro por el Mesías que te traeré halcones como jamás has recibido. Julián efectuó un descenso hacia el litoral de Algeciras. [...] La noticia del desembarco se extendió entre los musulmanes, que desde entonces no dudaron ya de la lealtad de don Julián.
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Re: Emilio G. Ferrin critica las FUENTES DOCUMENTALES

Notapor Historia » 2012 06 09, 6:20

Historia escribió:[color=#000080]

...
En esas estábamos cuando se produjo un curioso acontecimiento: el viaje de un cristiano cordobés, Eulogio, a la Pamplona de la primera mitad de los 800.
Desde Menéndez Pelayo y Dozy hasta Olagüe, pasando por un entusiasta Simonet re-interpretado por Sánchez-Albornoz, todos los mozarabistas confieren una importancia crucial a las andanzas del proto-mártir Eulogio de Córdoba. La cuestión no es baladí: Eulogio forma parte de un grupo —junto con Alvaro y Speraindeo— de cristianos cordobeses comprometidos con dos causas en declive: la ortodoxia cristiana, y la preeminencia del idioma hispano-romano, lo que quiera que esto significase para ellos, probablemente un latín reverenciado y explicado en romance fronterizo. Estos estudiosos cristianos cordobeses se dedicaban en sus arengas y escritos a cuanto aquel temprano Juan Damasceno había iniciado en la capital proto-omeya: a enderezar herejías. Y la cosa tiene su recámara, dado que resulta efervescentemente curioso que, a las alturas del tiempo que nos ocupa, aún se estuviese planteando el islam cordobés como una herejía cristiana.

Y ahí estriba la trascendencia del viaje y la labor posterior del Eulogio de Córdoba: cerca de Pamplona, concretamente en el monasterio de Leyre, Eulogio leyó en latín una biografía denostatoria de Mahoma. Las cartas de Eulogio a simpatizantes cordobeses y sevillanos —insistimos, en plenos años 800—. muestran sorpresivamente que el viajero se pregunta quién es este Mahoma,

Es poco probable que el propio Islam supiese qué era y a dónde iba. Desde la muerte del Profeta en 632, había habido más conflicto en el seno de la Umma —comunidad islámica— que entre ésta y el exterior.


Extraordinario es que por el 850 Eulogio y el resto de catolicos (Emilio habla siempre de cristianos, pero es mas exacto decir catolicos, cristiano-trinitaristas romanos, pues habia otros cristianos no trinitaristas entre ellos) no conozca de sobra a Mahoma cuando se supone que tenemos monedas acuñadas en Al Andalus e HIspania (bilingúes y en arabe) que citan a Mahoma como el profeta.

A ver, esto es un anacronismo: o Eulogio si conocia a Mahoma -pues resulta inconcebible que no conociese las monedas musulmanas que le citan-, o las monedas son falsas o mal catalogadas. Para mi es mas probable lo segundo, pue es dificil falsificar los documentos de Eulogio de Córdoba y Alvaro de Sevilla, que muestran su desconocimiento del Mahoma. Asi pues resulta mas facil falsificar monedas, por parte de personas que teniendo el Mito y la Version Oficial en mente y a todo el estamento oficial hispano, europeo y mundial apoyando su idea totalmente, les era perfectamente factible crear monedas acuñadas en Hispania por esas fechas. Nadie lo iba a discutir!.
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Re: Emilio G Ferrin y la nula fiabilidad de las crónicas

Notapor mars » 2012 12 21, 8:41

Hola a todos.

Acabo de desembarcar en este foro, que encontré ayer. Lo primero, felicitar a los artífices por las tesis tan sugerentes y la calidad visual del foro. Soy una persona apasionada por la Historia (aunque no es mi campo profesional). Espero aportar y aprender.
mars
 

Re: Emilio G Ferrin y la nula fiabilidad de las crónicas

Notapor Historia » 2012 12 22, 10:47

mars escribió:Hola a todos.

Acabo de desembarcar en este foro, que encontré ayer. Lo primero, felicitar a los artífices por las tesis tan sugerentes y la calidad visual del foro. Soy una persona apasionada por la Historia (aunque no es mi campo profesional). Espero aportar y aprender.



Saludos, bienvenido/a al mismo y espero que disfrute y encuentre lo que busca. Agradecemos sus comentarios y quedamos para ayudarle y contestarle a sus dudas. Aqui nadie es "profesional", todos nos consideramos aprendices, no tema quedar de ignorante, pues, en estos asuntos, TODOS LO SOMOS.
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