Foro sobre historia disidente de la Version Oficial y foro sobre neoruralidad y la Revolucion Integral inspirada en los estudios de Felix Rodrigo Mora.

¿Cómo se expandió el árabe en Hispania?

Prolongando y profundizando las tesis de Américo Castro e Ignacio Olagüe, su Historia General de Al-Ándalus sostiene que no hubo invasión islámica -estrictamente hablando-, en la península Ibérica, y expone -con argumentos consistentes y erudición-, que sucedió en realidad.

¿Cómo se expandió el árabe en Hispania?

Notapor 711 » 2012 05 09, 10:04

. Si bien el proceso es de imparable arabización —en otro lugar aludimos a tal proceso como, precisamente, el configurador del verdadero milagro andalusí—, caben destacarse las aportaciones de Federico Corriente y otros al respecto de la diglosia práctica en gran parte del tiempo andalusí. Efectivamente, y hasta la época de las Taifas —posteriores al año Mil— árabe y romance fueron vehículo de expresión cotidiana en registro bajo y normal, así como patrimonio de prácticamente todos. Tal situación iría cambiando, enfocándose hacia un monolingüismo árabe. No olvidemos la drástica arabización y berberización que significará la entrada de contingentes norteafricanos en las posteriores épocas almorávide y almohade1'34'.
Pero, a efectos políticos prácticos, y en honor a la verdad, al-Hakam primero —así convenido antes—, mantuvo y reforzó el statu quo del emirato en tanto se definió éste con su abuelo, Abderramán I: la descentralización, la yuxtaposición de zonas leales sujetas por un claro y rentable sistema impositivo. Así, por ejemplo, muestra de la yuxtaposición proto-feudal es que su tío Abdala acabaría siendo conocido como Abdala al-Balansi—e\ valenciano— porque, en la práctica, gobernaba desde Valencia una franja impositiva extendida por la línea que va desde Murcia hasta los Pirineos. Su sobrino, el emir, le había concedido la recaudación de tan relevante zona. 280

§ 3. En puridad, bastante podía agradecer Abdala al-Balansi, dado que había tratado de traicionar al centro cordobés al intentar trasladar su pleitesía a Carlomagno. Pero parece que el emir de Aquisgrán no tenía resuelto jugarse la cohesión del Sacro Imperio en ciernes por una ya conocida aventura transpirenaica de contradictorio recuerdo. El otro tío, Sulaymán, más decidido al enfrentamiento directo por tal de no rendir pleitesía, se acantonó en la incontrolada Toledo para, desde allí, hacerse fuerte en Mérida e intentar un asalto al poder que le acarrearía un funesto —fúnebre— y literal quebradero de cabeza.
Por otra parte, destaca el hecho de avanzar Toledo silenciosamente por la Historia del emirato. ¿Por haber sido destruida?; no parece, dado que se reseñan ciertas actividades, por otra parte normalmente asociadas a una cierta independencia con respecto de Córdoba. En un tiempo de progresiva llegada de ulemas a la capital del emirato, debe andarse con cautela a la hora de, simplemente, nombrar estos conceptos: emirato, capital, o ulema. Por más que hayamos hecho una cata en la futura estratificación social y jurídica de Al Ándalus, es complicado trasladar cuanto podía pensar un hispano-romano toledano de lo que significaba emirato. De alguna forma, a finales de los 700, podía pensarse en una cierta bicefaia peninsular, con Toledo y Córdoba pivotando —respectivamente— el menguante de lo institucional visigodo y el creciente de lo omeya.
§ 4. Por el momento, ni Toledo estaba islamizado, ni Córdoba tan islamizada, ni ninguna de ellas capitalizaba gran cosa más allá de un etéreo primus inter pares entre las bolsas de poder territorial. El proceso definitorio del estado omeya, integral y centralizador, deberá aguardar aún cierto tiempo más para ser siquiera planteado. Ya anunciábamos que el éxito en la silenciosa islamización de Al Ándalus respondía a su inicial ambigüedad: ¿eran los árabes religiosamente herejes, arríanos, gnósticos? ¿Eran tan sólo considerados militarmente; unos contingentes profesionales al servicio o a la gresca?
135 Federico Corriente, «Especificidades idiomáticas de los andalusíes. Expansión y fijación.» (en árabe) Revista del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos. 23 (1985-86), págs. 59-68. Incide en ello Ignacio Ferrando, Introducción a la Historia de la Lengua Árabe. Nuevas Perspectivas. Zaragoza: el autor, 2001, pág. 160.


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En nuestra opinión, lo verdaderamente significativo es la revolución idiomatica, ¿cómo puede transformarse el idioma de un territorio intelectualmente abigarrado? Incluso autoridades en la materia como Corriente y Ferrando plantean, de algún modo, el milagro de la arabización andalusí, dado que cuanto más puede saberse de la Historia en ciernes, menos atisbos de proclividad a un cambio radical —como sería el idiomático— se anuncian1'35'. Sea como fuere, Y manteniendo la lógica borrosa de la progresión imperceptible, algo sí se hizo muy claramente percibible en las dos ciudades en cuestión: la llamada Jornada del Foso de 797 en Toledo, y la Destrucción del Arrabal de Córdoba en 818.
§ 5. Se trata de dos acontecimientos de los que nos ocuparemos en breve; si en la primera —Jornada del foso en Toledo— hay implicados elementos visigodos residuales, en el desarrollo de la segunda —Revuelta del Arrabal cordobés— ya parece contarse con la presencia, forjadora de opinión, de diversos ulemas; los futuros sabios musulmanes. Por el momento, podían presentarse como simples sarracenos; orientales en predicación y/o comercio, sin incidir en el rechazo —por ejemplo— a los Evangelios o al latín ya romanceado, como parece ser el caso idiomático peninsular.
Defender la iconoclasia, rechazar la divinidad de Jesús de Nazaret, no consagrar y/o no utilizar vino en las celebraciones religiosas, podía ir pareciendo mera moda orientalizante por algunos, o heterodoxia por otros. En modo alguno podía pensarse que se trataba de una calculada invasión, como tampoco parece que nadie pudiera haber planteado tales cálculos. Mucho menos el propio emir, dado el frontal rechazo que muestra en todas las fuentes hacia todo lo religioso o corporativo.
§ 6. El emir al-Hakam I era un hombre de frontera, lo que no significa nada en términos de comprensión o condescendencia, sino todo lo contrario: fue un ejecutor implacable. En sus fundamentadas disquisiciones sobre la época que nos ocupa, Levi-Provencal añade un elemento esencial —por cuanto genera una interpretación de conjunto: en el tiempo de al-Hakam I: lo árabe se abre a lo hispano-romano. Es probable que se produjese como contrapartida evidenciada de que lo hispano-romano ya no consideraba a lo árabe meramente como enquiste castrense; como algún modo de acuartelamiento profesional de cierta relación con determinadas formas etéreas de herejía. Efectivamente, con un emir, hijo ya de una franca, la perspectiva de bolsas de población andalusíes comenzaba a no tener sentido; algo empieza a disolverse, diluirse. Así, al-Hakam I nacía, según parece, de la relación de su padre con una de las mujeres francas regaladas por Carlomagno a los omeyas tras su confinamiento más allá de Zaragoza1'361.
Por otra parte, de las mismas latitudes ultrapirenaicas procedía el contingente con que este emir, ya mixto, contaba como guardia pretoriana-. más de un centenar y medio de mercenarios francos. Con tal entorno y cuna, con su asistente de nombre Vicente —célebre en las crónicas—, y en un entorno cordobés en creciente mezcolanza poblacional, podemos destacar que se estaba produciendo el cruce de un importante Rubicón. Lo andalusí se acrecienta. ¿En qué idioma hablaría el emir con sus tropas, con su asistente, con su madre...? Es interesante acercar todas estas cuestiones al punto sin retorno del cambio de siglo; porque la más que posible diglosia popular andalusí —alternancia y coexistencia del romance y el árabe— no va a ser fácil de destruir. Del mismo modo en que no será fácil que se refleje tal situación en las crónicas árabes —aún no autóctonas— o en las fuentes latinas de la época —eclesiásticas y ajenas a la realidad de su tiempo.
§ 7. Probablemente, la situación debió remedar a cuanto pudo haberse producido previamente con la progresiva incorporación de los visigodos al mundo hispano-romano-. Desde la completa separación en compartimentos estancos sociales, hasta la necesidad de reglamentar con aquel Fuero Juzgo los deseados —desde el poder, y por conveniencias de orden— convicencia y cruce poblacional. Y, sin duda, la aportación de mezcla social seguiría los cánones de cuanto Georges Duby dictaminaba sobre el ascenso social en la Edad Media: el hombre —recién llegado, árabe— aporta sangre nueva, y la mujer —hispana— establece una tradición, un cierto patrimonio, y una posición social1'"'.
En este sentido, cabe destacar personajes bisagra como la célebre sevillana Sara la Goda, de sinigual protagonismo en los cronicones. Sara la Goda, nieta de Witiza. Emparentada, así, con la nobleza controladora del desorden hispano tras la guerra civil entre witizanos y rodriguistas, saldada con la victoria de los primeros: sobrina de Oppas, el obispo que combatió a Pelayo —para descrédito de los enfrentadores de religión. Se trata de Sara, la hija de Alamundo, a quien las crónicas casan en varias ocasiones con jefes militares1"81 de esos contingentes progresivamente arabizados —sirianizados, veíamos.
§ 8. En cualquier caso, cuando definíamos al emir como hombre de frontera, probablemente podíamos ampliar el concepto a lo extra-familiar: con al-Hakam I se institucionaliza —de alguna manera— como limes o frontera el permanente frente pirenaico que desde la época visigoda se mantenía abierto. Efectivamente, tres hechos esenciales se producirían a estas latitudes en el tiempo de este primer al-Hakam: la pérdida de Barcelona —atraída al polo de Aquisgrán—, el surgimiento del reino de Pamplona —esencial para impedir el cierre andalusí tantas veces aludido—, y la consecuente formación de la Marca Superior como verdadero limes andalusí.
En esta zona —por lo mismo, limítrofe—, se alterna la preponderancia de tres familias hispanorromanas sumadas al régimen, los de Ambrosio en Huesca—en árabe, Banu Amrús—, los de Casio en Tudela —Banu o Beni Casi—, y los Banu Shabrit de Barbastro. Todos ellos constitutivos de una Marca limítrofe, según vemos, y en cualquier caso desestimando posibles acercamientos monocromáticos a la sociedad andalusí en gestación.
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