Foro sobre historia disidente de la Version Oficial y foro sobre neoruralidad y la Revolucion Integral inspirada en los estudios de Felix Rodrigo Mora.

4 Anexos. Crónicas árabes, su crítica

Aqui se muestra la critica a las fuentes: aquellos documentos, las cronicas cristianas y musulmanas que los historiadores han estado usando para demostrar que hubo una invasion árabe de Hispania... y los documentos y relatos que vendrian a refutarla.

Moderadores: Historia, Ann.Onime

4 Anexos. Crónicas árabes, su crítica

Notapor 711 » 2010 07 10, 1:43

resumen:


FINES DEL X Y PRINCIPIOS DEL XI
En esta época tardía en comparación con la fecha de las guerras civiles del VIII, aparecen textos arábigos, es decir, escritos en árabe. Tres crónicas destacan, aunque sólo dos ofrecen un cierto interés. Los hechos inverosímiles que describen son la fuente de las leyendas que han florecido a lo largo de la Edad Media, fábulas paralelas al mito de la invasión de España, las cuales han sido fielmente recogidas por las crónicas cristianas del XII y del XIII, para formar posteriormente el fondo del Romancero. Poseen un cierto denominador común las dos más importantes, pero su fuente de información es distinta.

Ajbar Machmua, enraíza sus noticias en la antigua tradición que alienta la sociedad bereber marroquí; mientras que la Crónica del Moro Rasis respira el ambiente andaluz más influido por los acontecimientos, luego más veraz. Pero en ambos casos los acontecimientos históricos han sido disfrazados por el ambiente musulmán y árabe que imperaba en las fechas de su redacción. De aquí la importancia dada en el texto, sobre todo en el marroquí, a episodios fabulosos, más propios de recitadores orientales que de auténticos historiadores; lo que apunta, si no tuvieramos otros elementos de juicio, su origen egipcio. Como si esto fuera poco, han sido estos textos lastimados por interpolaciones.

Crónica del Moro Rasis
Ahmed al Rasi-Atariji, es decir, el cronista por excelencia, probablemente era andaluz y vivió en el siglo X. La crónica que lleva su nombre cuenta los acontecimientos en los cuales intervino Roderico, la invasión de España por los árabes y los hechos de los sultanes y de los califas, hasta el año 976. Se ha perdido el texto original que se supone estaba escrito en árabe, aunque no pueda afirmarse positivamente En el siglo XIV o en el XV según los autores, un moro llamado Mohamed, sin letras pues él mismo lo confiesa, leyó en voz alta y en portugués un texto de esta crónica redactada en árabe a un sacerdote, llamado Gil Pérez, ignorante del árabe ¡pero que traducía lo oído en portugués al castellano... ! … han tenido que admitir todos los autores que el texto traducido del portugués suscita grandísimos recelos. Ignoramos si se trata del texto original de Rasis o de otro cualquiera que hubiera leído Mohamed. Y aún de ser original resulta indudable que ha sido mutilado, interpolado, confitado según los gustos de las épocas posteriores. … Saavedra cree en la autenticidad del texto en lo concerniente a los acontecimientos desde la muerte de Roderico hasta la llegada de Alher y que la novela ha sido compuesta con las noticias dadas por el texto de Rasis… sólo muy escasos hechos descritos deben ser admitidos y aún con gran cautela: aquellos que pueden ser confirmados por otros testimonios, siempre y cuando no estén desmentidos por el contexto histórico. Así, por ejemplo, hemos recogido de esta obra los datos que se refieren a las hambres que asolaron a España en los siglos VII y VIII (capítulo octavo) porque de antemano hemos reconstruido la historia del proceso de desecación del Sahara (capítulo V). …

Ajbar Machmua
No se trata de la obra de un historiador, ni aun de la de un cronista de talla menor. Recoge el texto unos cuantos relatos tradicionales en él Rif, cuyo valor es desigual. Dozy, entusiasmado por el hallazgo entonces reciente de este manuscrito, encontraba en estas fábulas el testimonio sincero de los incidentes de la conquista. Le han seguido los historiadores posteriores. En nuestros días Levi-Provençal le imita para describimos e ilustramos acerca de los conflictos que dividían a las tribus árabes recientemente asentadas en España y los hechos victoriosos de Abd al-Ramán, el Emigrado. Para nosotros reúne este libro de aventuras una colección de relatos tradicionales, eminentemente bereberes y rifeños, los cuales deben conservar algo del recuerdo de las acciones emprendidas por los antepasados en la guerra civil hispana, tradición que se habrá mantenido con mayores o menores ocurrencias en las familias y en las tribus del país. Hacia 1007 tuvo la idea un intelectual mahometano de habla arábiga de recoger esta tradición oral en un texto que nos ha alcanzado. En estas condiciones, transcurridos trescientos años en que la faz de esta parte de la tierra se había transformado fundamentalmente, hechos que pudieran haber poseído un cierto valor histórico han sido envueltos en clima de tal contextura que resulta dificilísimo, si no imposible, distinguir el oro del barro que lo envuelve. Esto lo confirma el ambiente imaginativo en que está escrito; pues no sólo es fácil reconocer fábulas egipcias que han servido para describir otros acontecimientos ocurridos en aquella nación, sino relatos que pertenecen al folklore del Mediterráneo oriental, cuyos orígenes remontan a veces hasta los tiempos bíblicos. En 1867 publicó Emilio Lafuente Alcántara el texto de esta obra y su traducción en el tomo primero de la Colección de crónicas arábigas, editada por la Real Academia de la Historia.

Crónica de lbn Alcotiya (Alcutiya)
En árabe quiere decir Ibn Alcotiya: el hijo de la Goda. Descendía el autor de esta crónica de Sara, nieta de Witiza (o Vitiza); de aquí el apodo. … El proceso de arabización dominante en los tiempos de su redacción, finales del X o principios del XI … Pues si el recuerdo de una tradición real – y ¡de tal abolengo!– no ha podido mantenerse en un descendiente en tan pocas generaciones, ¡qué se va a pedir a los demás! …
Los numerosos textos posteriores dada su fecha reciente no poseen valor alguno documental más o menos aprovechable. Son trabajos pseudohistóricos, escritos además con los prejuicios ya iniciados en el norte de África en el siglo XI y que posteriormente fueron hinchados por la contrarreforma musulmana llevada a cabo por almoravides y almohades.
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Re: 4 Anexos. Crónicas árabes, su crítica

Notapor 711 » 2012 06 10, 12:33

EGF resumen

DESCONFIAR DE LAS CRONICAS!!

1. Este consejo guarda relación con todo lo anterior, sin que tengamos ya que recargar las tintas en contra de la huera traducción de materiales propagandísticos tomados por la verdad histórica. Pero es que conocemos la historia de Al Ándalus a través de crónicas posteriores a los 800. Alrededor de ciento cincuenta años después de la supuesta conquista —dicen— o inicio de invasiones —decimos. Con un poder central islámico ya constituido en torno a Córdoba —en realidad, en proceso de constitución—, se escribirá la Historia enfocándola al presente inductor del cronista. En cualquier caso, no hay historiador árabe que ose remitir a hecho alguno relevante, o producción cultural destacable en Al Ándalus anterior a los alrededores de 850.

2. El médico Ibn Yulyul y el geógrafo Ibn Said, por separado y desde ramas del saber diferenciadas, coinciden con nosotros —en realidad, nosotros con ellos— en este punto. Ambos historian Al Ándalus sin mayor ánimo aparte de cantar los logros andalusíes, y resulta que no los encuentran antes de esa fecha: alrededores de 850. ¡Qué generosa casualidad nos ofrece la Historia al relatar que surgen entonces las insurrecciones, el martirologio de supuestos mozárabes! —en realidad, aún simplemente cristianos hispano-romanos. Nada de mozárabes —musta'arab, arabizado—. no hablan árabe, sino latín. Los estertores de la Hispania aún irredente.
Los cordobeses expulsados del barrio de Secunda y que aparecen en la fundación de la ciudad marroquí de Fez, ¿hablarían árabe o latín hispano-romano? Porque a Eulogio y Alvaro de Córdoba les escandaliza que la gente comprenda más el árabe, y sin embargo no parecen vivir en un entorno islamizado. Lo árabe y lo islámico no parece que corrieran parejos. El martirologio de los cristianos cordobeses es parte de la reacción a la islamización: comenzaba la invasión ideológica de Hispania.
Por las calles de una capital en fase de berberización —ahora sí. De oscurecimiento de piel. Eso que tanto horrorizaba a Ibn Hazm —de nuevo— dada su obsesión por ser árabe. Luego entonces, ¿no lo eran todos?

Tratado de los multitudinarios linajes árabes.
Y los investigadores del tratado —en cuyo título ni siquiera aparece lo andalusí; no existe como ente diferenciable— acuden a sus páginas como a un atlas para saber de dónde venía la población de cada terruño andalusí.
¿Que un pueblo se llama —pongamos por caso— Zenata? Pues sencillo; es que provenía su población de las cabilas bereberes de los zeneta. Y nos quedamos todos tan panchos. En esa interpretación del mundo, todas las Córdoba de América fueron en su origen sedimento de emigración cordobesa. El de Ibn Hazm es un mapa, sí. Podemos acudir a él como acudimos al mapa que incluye J.R. Tolkien en el proemio de El señor de los anillos. Para no perdernos en la novela andalusí.
Por otra parte, colateralmente nos afecta también cuanto el historiador por excelencia —Ibn Jaldún, 1332-1406

Ibn Jaldún plantea que la esencia del estado islámico es lo árabe, que árabe es equivalente a beduino, y beduino equivale a beréber.
Queda admitido que todo autor posterior —en este caso, el imprescindible Ibn Jaldún— deba contar con los contigentes bereberes y con las dinastías norteafricanas invasoras —almorávides, almohades, benimeriníes y demás— como una absoluta normalización de lo árabo-islámico posterior al año 1000.
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Re: 4 Anexos. Crónicas árabes, su crítica

Notapor 711 » 2012 06 10, 12:36

los tratadistas nativos, descriptores de la cosa andalusí y magrebí en sus orígenes, florecerán varios siglos después: se trata de nombres como el del onubense al-Bakri (nacido en 1014), el malagueño-ceutí al-Idrisi (nacido en 1100), y el inevitable norteafricano al-Himyari, muerto ya después de la toma nacional-católica de Granada. De este amplio espectro cronológico se deduce que no se comenzó a escribir sobre Al Ándalus desde dentro hasta mucho después del ínclito 711, y otra cosa que justifica su presencia aquí: el mito de sus orígenes permanece inamovible durante todo el tiempo andalusí

al-Bakri habla de sí —de Al Ándalus — desde fuera
al-Idrisi, mantiene tal exotismo lejano al hablar de su propia tierra: respeta un dato mítico de al-Bakri —que Noé recaló en Hispania-, para seguir por esos derroteros legendarios, como en el fragmento siguiente: ...hasta que Alejandro Magno fue a Hispania, y supo que sus habitantes estaban en continua guerra con los del sur. Este rey, hizo venir ingenieros y les indicó el lugar donde hoy está el Estrecho, pero que entonces estaba cubierto de tierra, y les ordenó medir y comparar el nivel de los dos mares [...] y así se construyó un canal entre Tánger y España.

Por su parte, el ya aludido al-Himyari no sólo mantiene las visiones míticas de los anteriores, sino que las amplía, siempre respetando la localización ptolemaica del cuarto clima: se dice que los primeros hombres que tomaron posesión de Al Ándalus fueron los hijos de Tubal, de Jjafet y de Noé. Sus reyes llegaron a ser ciento

En los alrededores de 750, Al Ándalus está tan lobotomizado, que cualquier historia servirá para legitimar en las fuentes posteriores la fundación de un emirato. Al Ándalus nacía de la nada en las crónicas. Cualquier orden sería preferible a tal caos. Incluso el orden parcelario establecido tras la fundación del emirato por el primer oriental de pro, el halcón de Curaich, Abderramán I.

EGF
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