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3 Anexo. Crónicas Latinas, su crítica

Aqui se muestra la critica a las fuentes: aquellos documentos, las cronicas cristianas y musulmanas que los historiadores han estado usando para demostrar que hubo una invasion árabe de Hispania... y los documentos y relatos que vendrian a refutarla.

3 Anexo. Crónicas Latinas, su crítica

Notapor 711 » 2010 07 10, 1:42

resumen:




CRÓNICAS LATINAS
Sólo nos han llegado del siglo IX dos crónicas latinas que nos cuentan los acontecimientos políticos ocurridos en España en los siglos VIII y IX. Son contemporáneas, a tal punto que se supone fueron escritas en el mismo año, el 883. …

Crónica albeldense.
… Vigila no es un fraile cualquiera y vulgar. Poseía conocimientos extensos y su libro constituye una pequeña pero extraordinaria enciclopedia de los conocimientos de la época. Hemos encontrado en sus páginas una de las más antiguas reproducciones de la numeración decimal, con signos de origen arábigo. Las cifras muy enguirnaldadas están escritas como en las grafías semitas de derecha a izquierda. Se acaba la numeración con la cifra nueve, pues en esta época se desconocía aún el signo cero. …

Crónica de Alfonso III
Discuten todavía los historiadores por esclarecer quién fue su autor. Opinan algunos que es obra del mismo rey Alfonso; otros que encargó su redacción a Sebastián de Salamanca, por lo cual ha sido llamada por muchos autores antiguos: Chronicon sebastiani. Empieza el relato con los acontecimientos ocurridos en el reinado de Wamba y termina con la muerte del rey de León, Orduño I; es decir, desde 672 hasta 866. Está fechada la crónica en 883. La ha …escrita con un criterio infantil o primario, en una palabra arcaica, que le resta autoridad en comparación con la albeldense.
El códice de Roda nos ofrece el texto más antiguo de esta crónica. Gómez Moreno ha hecho de la misma una edición en el año 1932: Las primeras crónicas de la Reconquista. El ciclo de Alfonso III, Boletín de la Academia de la Historia. Las crónicas albeldense y de Alfonso III tienen escaso interés para un estudio científico de los acontecimientos ocurridos en España a principios del siglo VIII. Han pasado ciento cincuenta años desde los hechos reseñados. El ambiente ideológico ha cambiado y lo sucedido que nos pudiera interesar está esfumado en las nieblas del pasado, si no olvidado; lo que se dice, desvirtuado por la opinión imperante en su tiempo. Son únicamente interesantes estos textos para el estudio de la evolución del mito.[u] [/u]





Apéndice 2
• LA CRÓNICA LATINA ANÓNIMA * conocida como Crónica Mozarabe de 745
(no cita a Mahoma, ni a los musulmanes ni a los árabes, tampoco a Pelayo o Poittiers)

Isidoro Pacense, obispo de Pax Julia, hoy día: Beja, pueblo que se halla en la provincia de Badajoz, Crónica de Isidoro Pacense. Era su autor un intelectual renombrado, especializado en la historia de su tiempo. Cita los títulos de varios 4bros que había redactado sobre asuntos diferentes. Se han perdido (393). Por todo lo cual, los acontecimientos que conciernen a los últimos reyes visigodos, los episodios de la invasión y los primeros años de dominación de los extranjeros están descritos en un texto contemporáneo, ya que el relato acaba en el año 754. Desgraciadamente no existe otro texto de aquel tiempo para confrontar los datos expuestos. Reza su título original: Epitoma (o epitome) imperatorum vel arabum ephemerides atque hispaniae chronographiae sub uno volumine collecta. …. Pelagio le puso una pequeña introducción que empieza en estos términos:

“Incipit liber cronicorum ab exordio mundi usque era MCLXX. Carisimi frates, si cronicam hanc quam aspicitis, bono animo eam legatis, invententi quomodo junior Isidorus Pacensis ecclesie eps. sicut in Veteri Testamento et Novo, et per Spiritum Santum intellexit. (395) …

Hace más de un siglo se dio cuenta Dozy del error de Pelagio… “Está claro, escribía, que ha saltado la sílaba His y que ha escrito Pacensis en lugar de Palensis” (396). En 1883, Fernández Guerra confirmó la hipótesis de Dozy y acusó de ligero al obispo de Oviedo (397).
Dos años más tarde Tailhand demostró documentalmente el error. En su estudio crítico sobre el Anónimo reprodujo la página de un códice de la Nacional de Madrid, que contenía la crónica con el corte desdichado del nombre del ilustre sevillano: o sea, al final de una línea: Isidori y en la siguiente Palensis, en lugar de Hispalensis. Por lo cual concluyó Tailliand: “Acepió Pelagio esta equivocación sin dificultad. (No cotejó la copia con el original, diríamos nosotros.) Mas no conociendo obispado alguno llamado Palensis en España, substituyó esta lectura por la de Pacensis que frecuentemente encontraba repetida al pie de las actas de los antiguos concilios hispanos visigóticos” (289). Como por lo visto no era este despiste lo suficientemente abultado siguió erre que erre con sus extravagancias nuestro Pelagio, atribuyendo además a este junior una obra del auténtico Isidoro y a este último, para sin duda desagraviarle, ¡un texto de Julián de Toledo!

… Saavedra, en 1892, que debía de llamarse con mayor sencillez: Crónica latina anónima, pues a su parecer –y creemos con razón– no existe argumento alguno válido para darle un calificativo toledano o cordobés, aunque era indudable que había residido el autor por mucho tiempo en dicha ciudad andaluza 401… la fecha de su redacción. Unánime era la opinión. Como había vivido este cronista a mediados del siglo VIII había visto con sus propios ojos los horrores de la invasión y asistido al asalto sarraceno. Su testimonio era tanto mas excepcional ya que era el único testigo de estos hechos del cual conservaron memoria los historiadores. Pues, extraviados por el mito se habían olvidado del adagio clásico: Testis unus, testis nullus. Surge entonces una Pregunta: ¿Sobre qué bases se apoya esta unanimidad? Poca duda ofrece la respuesta: Como los acontecimientos descritos en la crónica acaban en el año 754, se había supuesto sin mayores averiguaciones que en esta fecha precisa había terminado el autor la redacción de su relato.

Posee, en efecto, la Crónica latina anónima un epílogo en donde expone el autor sus ideas acerca de la cronología del mundo desde sus principios hasta su fin con el propósito de hacer coincidir las eras diferentes, cristiana, bizantina y mahometana, que el autor ha manipulado. Pues no encajan, sin duda porque ignora que el año mahometano se compone de meses lunares. … Para este especialista y para la mayoría de los autores queda determinada la fecha de la obra por estas palabras: “ab exordio mundi usque eram coeplam...”, “desde el origen del mundo hasta la era empezada”. ¿Es esto legítimo? … nos parece absurdo y fantástico empeñarse en querer fijar la fecha de un texto con una interpretación abusiva de sus términos. Del mismo modo pudiera decirse de un historiador contemporáneo, autor de una historia de los tiempos de Felipe II, que había vivido en el siglo XVI porque acababa su relato con la muerte del monarca.

Si el Anónimo hubiera querido fechar su trabajo, lo hubiera consignado en términos precisos al principio o al final de su crónica, como era costumbre en la Alta Edad Media. Así lo han hecho constar en algunas de sus obras los compatriotas del autor, Eulogio y Álvaro de Córdoba, los cuales lo han a veces mencionado también en el del texto. Hemos dado varios ejemplos de esta costumbre a lo largo de este estudio. Pero aún hay más. Cabe una pregunta: ¿No ha sido truncado el texto en su parte final? ¿Acaba el que conocemos tal cual lo escribió el autor? Existen razones para dudarlo.

Muchos recelos suscita el epílogo de la Crónica latina anónima. Acaba de modo muy extraño, por no decir anormal, con una frase de San Julián que no viene a cuento. Lo menos que se puede decir es que aparece a contrapelo, dejando en suspenso el discurso del autor... y la atención del lector. Se ha producido probablemente un corte y una interpolación. Tanto más que el texto de la edición paleográfica y crítica de Tailhand posee una particularidad singularísima: rimada está la crónica en su totalidad, salvo precisamente el epílogo cronológico. ¿No es esto sospechoso?

Son verosímiles todas las suposiciones. La más razonable consiste en pensar que ha sido obra el epílogo de mano ajena al autor anónimo. En vista de las discordancias existentes acerca de las fechas de los acontecimientos, un monje más ducho en cronología se habrá esforzado con un texto en prosa para mayor claridad en poner las fechas en consonancia. El sería el autor de la “era coeptam” y de la frase de San Julián, si además no hubiera quizá intervenido para todo complicarlo la torpeza de un amanuense que hubiera dejado las frases sin concordancia. Que todo el pastel acabara en cola de pescado, como dice Horacio, no debe de extrañar. La sorprendente invención de un obispo Pacense enseña la falta de formalidad de estos frailes más duchos en caligrafía que en precisiones históricas.

Aparece entonces manifiesta la evidencia: si se admite que la crónica ha sido escrita a mediados del siglo VIII, surgen tan numerosos los contrasentidos históricos, que ha podido afirmar en su tiempo Dozy en sus Recherches que había sido esta crónica la más maleada, truncada e interpolada de todas las de la Edad Media. Por el contrario, decimos nosotros, si pertenece a una fecha posterior, sea a fines del siglo IX, sea a principios del siglo X, por lo menos desaparecen los anacronismos. En este caso su valor como documento histórico se compagina con el de los otros textos que han sido redactados cuando el mito de la invasión estaba consolidado y por consiguiente reflejan un ambiente que era el adecuado en su tiempo, pero no el que había existido en fechas anteriores. … solo el contexto histórico puede precisar la época de su redacción.
Pues bien, el análisis comparativo de esta crónica con los textos de los siglos IX y X, nos demuestra que la interpretación tradicional resulta inadmisible. El texto anónimo no ha sido compuesto en el VIII, sino en fecha muy posterior. El testigo excepcional que había visto con sus propios ojos la conquista de España por los árabes se desvanece, como antes se había disuelto en la nada la persona del obispo Isidoro Pacense. Para asentar esta afirmación nos apoyamos en los argumentos siguientes:

1. Basta la lectura de la Crónica latina anónima para comprender que la leyenda de la invasión de España por los árabes estaba ya asentada cuando su autor redactaba el texto.

Pertenece sin embargo al primer equipo que propaga la noticia. De acuerdo con nuestros trabajos sabemos que ha empezado a cuajar el mito en el ambiente hispano cristiano después de las obras de la Escuela de Córdoba. Por consiguiente, si se sitúa la crónica en la evolución de las ideas en España, como un punto en una curva, se deduce que debe de pertenecer a una fecha posterior a la mitad del siglo IX. Por esta razón, de fecharla con anterioridad, surgen numerosos los anacronismos. Por ahora nos basta con señalar la diferencia de estilo que aleja esta crónica rimada de los relatos escritos por los cronistas del siglo IX.

… posee el texto anónimo un valor literario que no transparece en las más antiguas crónicas. Contrasta la descarnada aridez que las caracteriza con el aliento de la rimada. Su sencilla melodía es ya sintomática. Los cronistas del IX nos transmiten las noticias con el estilo de los telegrama de agencia; el autor desconocido goza de un aliento que entre todos le distingue, pero muestra también la objetividad propia del historiador.

Acudamos a un ejemplo: está acompañada la leyenda de la invasión de España por otro hecho maravilloso: la invasión de Francia por los árabes, aniquilados en Poitiers por Carlos Martel. Tuvo lugar el combate en 732. Nuestro autor escribe en 754; es decir 21 años más tarde. Vive en tierra musulmana y es conocido el hecho de que los cronistas bereberes o andaluces de esta religión ignoran o atenúan la pretendida derrota de sus antepasados. Por otra parte, los occidentales que nos cuentan el acontecimiento, los monjes Teófano, Pablo Diácono y el de Moissac, son lacónicos, inciertos y fabulosos: lo que ha inducido a los historiadores contemporáneos franceses, Emanuel Berl entre ellos, a sospechar de tal aventura a pesar de desconocer el alcance de nuestras tesis. En realidad no saben muy bien estos frailes lo que ha ocurrido. Escriben de acuerdo con ciertos rumores, un son que no podía menos de serle agradable porque se esforzaban con ello por anima a su fe y a la de su parroquia.

Nuestro Anónimo sabe muy bien lo ocurrido y no ignora los detalles importantes. No cae en fábulas infantiles como Pablo Diácono. ¿No asegura éste que 375.000 árabes, es decir la totalidad probablemente de los habitantes de Arabia en aquel tiempo han perecido en la batalla? Describe las operaciones preliminares de los asaltantes y los movimientos tácticos de Carlos Martel. En una palabra, hace obra de historiador que se esfuerza en ser objetivo contando lo que ocurre en los dos campos enemigos. ¿Por que? No sólo porqué tiene mayor genio que los cronistas anteriores, sino también porque goza de la perspectiva que da el tiempo transcurrido, lo que los más ancianos no podían alcanzar.


¿Cómo desde su lejana Andalucía está mejor enterado que el monje de Moissac? Sugiere Tailhand que ha podido recibir alguna información oral o escrita de algún galo-franco, testigo ocular del acontecimiento... y ¿por qué no de algunos de los derrotados? Nada en su texto deja traslucir el testimonio del que ha presenciado un hecho importante; lo que siempre desprende un tufo sugestivo. …
De haber escrito nuestro Anónimo su crónica en el año 754, no hubiera podido sustraerse al ambiente de los vencidos con que tropezaría por la calle. Siendo cristiano ¿cómo no desacredita a los enemigos de su fe? Mas no lo ha hecho. ¿Cómo no indisponerse con la autoridad y los intelectuales musulmanes, doloridos por desastre tan cercano, si hubiera descrito la paliza sufrida por sus conciudadanos herejes? ¿Por qué, dadas estas circunstancias, no ha reducido el episodio a algunas palabras breves y concisas? No le vemos, al contrario, arriesgarse en larga parrafada que no podía menos que comprometerle. Sencilla es la respuesta a tal pregunta: escribe el Anónimo en una época en que la batalla de Poitiers, transfigurada por el mito, ha quedado en lejano episodio guerrero. No suscita el hecho pasión alguna.

Si se acepta la interpretación tradicional acerca de la fecha de nuestra crónica, hay entonces que admitir que el relato más importante y objetivo de la batalla de Poitiers tiene su origen en el campo de los vencidos, mientras que los vencedores no nos han transmitido más que relatos fabulosos. ¿No es esto extraordinario? Si la crónica ha sido escrita dos siglos más tarde, todo cambia. Ha podido el autor desempeñar el papel de un historiador. Tan sólo por imposición del mito ya cuajado quedaba desvirtuado el sentido de los acontecimientos. La incursión hacia la llanura francesa emprendida por pirenaicos había sido transfigurada en una invasión de Occidente por los árabes, como la prolongación natural de la de España.

2. Cuando describe el Anónimo la invasión de España por los árabes, un soplo patético conmueve el relato y al lector transmite una intensa emoción. Las grandes ciudades, ricas y pobladas, de repente son destruidas y quedan desiertas. Arden como antorchas los monumentos más suntuosos. Aterrorizados sus habitantes son reducidos a esclavitud, los hombres encadenados y marcados con hierros candentes, los potentados crucificados, los niños y los críos apuñalados. Paraliza el terror a aquellos que todavía pudieran luchar. Atraídos con bellas promesas se esfuerzan los timoratos en negociar. Fatalmente son engañados de modo alevoso. Rotos los acuerdos, extiende por doquier el enemigo su poder, cual una epidemia que se expande. Se multiplican los males como en el Apocalipsis y no tiene nuestro cronista la suerte del Evangelista. No puede enumerarlos todos. Hubiera necesitado, asegura, ¡que se hubieran transformado sus miembros en otras tantas lenguas! Con la descripción de estas desgracias ha cambiado el tono. Patético al principio, se ha convertido en apocalíptico. …

Cuando se explaya nuestro Anónimo en términos tan dolorosos, se deja enardecer por el ambiente creado por el mito y no por la objetividad del historiador, como resplandece en otros lugares. Pues nos dicen las crónicas bereberes que los invasores eran demasiado pocos para realizar devastaciones tantas en territorio tan extenso. Mas el recuerdo tenaz de las guerras civiles entonces ocurridas se mantenía aún en la memoria de las gentes y la fábula con el curso del tiempo había transformado las verdaderas causas de la tragedia. No era el invasor el responsable, ni la causa de tanto mal; en la mente del autor era universal en razón de la evolución histórica. Mas ahora, suena al oído del lector advertido otro son ya conocido.

¿Por qué las desgracias padecidas por España … dejaban atrás las que Troya, Jerusalén, Babilonia y Roma habían padecido? Quedaba ahora la causa esclarecida: tan extraordinario enemigo de todos había sido el más imponente... Entonces, ilumina el texto una nueva luz. Este adversario; tan cruel... ¿no era la Bestia profetizada por Daniel? ¿No había calculado su ruina y desaparición Álvaro de Córdoba en su Indiculus? ¿No existe un estrecho parentesco entre ambos textos, el de Álvaro y el del Anónimo? ¿No están alcanzados ambos por el mismo soplo apocalíptico? Está uno dispuesto a creerlo: ¿No había leído el Anónimo la obra del Cordobés?

4. … Aceptemos el hecho tradicional. Acabado ha sido el libro en 754 y ha dormido varios siglos en un cajón. El problema que plantea el texto no queda con ello resuelto, ni muchísimo menos. No es el Anónimo un testigo ocular que cuenta lo que ha visto, como lo han dicho los que no han leído su obra, es un historiador que emplea fuentes diversas y múltiples. Es un sabio. Mas, ¡oh maravilla!, su saber sobrepasa y con creces los conocimientos de los autores de la Escuela de Córdoba. Sabe, por ejemplo, el año en que Mahoma y sus discípulos se han apoderado de Arabia, de Siria, de Mesopotamia. (Hemos reproducido el texto a ello referente en el párrafo II del capítulo octavo.) Sus noticias acerca de la historia de los emperadores bizantinos, sobre las guerras que los opusieron a los persas con motivo de la política interna de los califas, acerca de los hechos que tuvieron lugar en el norte de África, de la batalla de Poitiers y de otros pormenores, grandísimas son. El hecho es evidente: muestra una erudición que no poseían ni muchísimo menos los autores del siglo IX en general.

Conoce los últimos acontecimientos que ocurrieron en el Punjab lejano que acababan de conquistar las tropas de Walid I. “Ulit... vir totius prudentiae... Indiae fines vastando edomuit". De acuerdo con la historia clásica le llega esta noticia a Córdoba unos treinta años más tarde, pues han ocurrido estos hechos de 705 a 715. Está muy bien informado. Mas su saber no es obra de una inspiración divina. Ha leído libros, viajeros han traído noticias a la ciudad en donde reside. En una palabra, ha existido en Córdoba una opinión que el Anónimo refleja. Pero los intelectuales del IX que residen en la misma ciudad de Córdoba ignoran por lo visto lo que sabían los cristianos cultos, sus conciudadanos del siglo anterior. No es solamente la Crónica anónima la olvidada, sino ¡toda la bibliografía de que se ha servido nuestro historiador! Tan es así que Eulogio tuvo que ir a Navarra para enterarse de la existencia de un Profeta llamado Mahoma. *

5. .. Resulta más ducho el Anónimo en cronologías de tal manera que se atreve a establecer paralelismos internacionales, tema vedado a Álvaro. El empleo de la cronología es de uso diario en la sociedad. Si hubieran invadido España los árabes en el año 711, el cálculo de la Héjira con la era cristiana hubiera sido aprendido... ¡qué otro remedio! … Siglo y medio después de la supuesta invasión de España no poseen de este cómputo los autores de la Escuela de Córdoba más que una idea bastante lejana de la realidad: … demostraba su obra que sus conciudadanos hispanos eran más duchos en el cálculo de la era mahometana que sus descendientes que poseían en su haber más de un siglo de arabización. Lo que es absurdo.

6. Inexorablemente se impone un hecho indiscutible. Ignoran los autores de la Escuela de Córdoba la existencia de nuestro Anónimo y de su crónica. Citan a menudo textos del siglo VIII, no dicen palabra alguna sobre una obra escrita en su ciudad, por un paisano y correligionario, ni tampoco acerca de las demás obras de este historiador. Sin embargo había vivido largo tiempo en Córdoba. ... … Se puede dar por seguro que no hubieran desconocido los autores de la Escuela de Córdoba la existencia de un libro escrito un siglo antes, texto que les hubiera podido enseñar muchas cosas que ignoraban. Ocurre lo mismo con los autores posteriores que tampoco lo mencionan: el monje del primer texto de la albeldense, Sebastián de Salamanca, Vigila, el benedictino de Silos, Lucas de Tuy. Hay que esperar la fecha de 1243 para que Rodrigo Jiménez de Rada hiciera uso del mismo en su Historia de Rebus Hispaniae, pues Pelagio había sido simplemente un mal editor de esta crónica que le venía al dedo para componer una historia universal.


¿Qué concluir? * Si ha sido compuesto este libro en el siglo VIII resulta inverosímil su olvido a lo largo de cinco siglos. Si ha sido escrito en el X, el hecho ya se explica: en esta época estaba dominada la España cristiana por los ejércitos de Abd al-Ramán III y de Almanzor. Reducida está al mínimo la vida intelectual en el norte de España. Sólo en el siglo XI empiezan los cristianos alentados por Cluny a levantar cabeza. Se comprende entonces su olvido en estos años oscuros.

… En el primer caso se trata de un eclipse de sol, en el segundo del elogio fúnebre de un prelado. Estamos convencidos de que se trata de anacronismos, si naturalmente se admite que el texto pertenece a mediados del siglo VIII.
… Tailhand esta noticia: “Tengo dudas muy serias sobre la autenticidad de este pasaje. Sería, en efecto, sorprendente que en la época en que escribía su crónica el autor, es decir en 754, treinta y cinco años después de este eclipse, no haya podido, ni con el testimonio de sus contemporáneos ni con los recuerdos personales determinar de un modo preciso en qué emirato había ocurrido el fenómeno” (404).
Si ha sido redactado el texto en 754 la observación de Tailhand es justa, pero desaparece la dificultad si ha sido escrita la crónica mucho mis tarde. Más lejos, en el verso 1727, se presenta otra dificultad todavía mucho mayor. …

En su tiempo Flórez había percibido ya el anacronismo, pues sabía que Cixila había fallecido en la segunda parte del siglo VIII (406). Tailhand resuelve la dificultad en un santiamén.
“Ni Sandoval, ni Berganza, ni Mariana han leído esta noticia en sus manuscritos del Anónimo de Córdoba. Si fuese de este escritor, se halla aquí fuera de lugar, en medio de un relato que interrumpe bruscamente. En realidad se trata de una interpolación del final del siglo VIII, cuyo autor habría que buscarlo entre los clérigos de la Iglesia de Toledo. Pues es evidente que el Anónimo no ha podido hacer en su crónica acabada en 754 el elogio fúnebre de un prelado muerto en 783” (407).

Importa señalar que según el propio Tailhand el Manuscrito del Arsenal es el mejor que conocemos. Así se explica que este párrafo y otros más falten. en los que son incompletos. ¿Por qué no son estos otros textos ellos también interpolaciones? Si hubiera que emplear con ello el mismo criterio de selección la crónica quedaría mutilada en su mayor parte. * Con un similar método de investigación habría que mandar al cesto el texto entero inservible. Pero Tailhand obseso por la fecha de 754 no se ha dado cuenta de esta parcialidad, pues la misma norma debe aplicarse en todos los casos sin hacer distinciones. Ha sido redactada la Crónica latina anónima en fecha posterior a la época en que escribían los autores de la Escuela de Córdoba. Como el códice más antiguo conocido pertenece a la mitad del siglo X, ha debido de ser escrita en este lapso de tiempo: es decir, o al final del siglo IX o a principios del X. En estas condiciones no ha podido asistir el autor ni a la invasión de España ni a las guerras civiles que se prolongaron gran parte del siglo, como se había creído hasta ahora.

Para su época posee la obra del Anónimo un gran valor. Representa un esfuerzo científico notable. Lo mismo sucede con el trabajo del monje Vigila, el enciclopedista del monasterio de Albelda; por lo cual ambas crónicas han sido distinguidas por todos los historiadores. Han sido escritas por intelectuales de gran inteligencia; mas es menester reconocer que el andaluz ha sido favorecido por la alta cultura que existía por todo el ámbito de su tierra. Escritor profesional, con certeza sabía el árabe que se hablaba ya corrientemente en la España del sur. Acaso poseía conocimientos suficientes de griego para establecer la cronología y la historia de los emperadores bizantinos. Sin duda alguna había leído libros latinos que pertenecían al partido arriano; por esto discierne el lector un respeto indudable para los partidarios de la unicidad que huelga en los otros textos latinos que conocemos. Mientras que la gran generalidad de los frailes nórdicos lanzan injurias en contra de Vitiza o de Opas, el Anónimo adopta una postura que parece más objetiva. Los cronistas bereberes coincidirán con él en estos pormenores, sin duda porque han bebido ellos también en la misma fuente, sea oral, sea escrita.

* En el siglo X se había formado ya la leyenda. No podía por consiguiente, ignorando la evolución de las ideas que había tenido lugar por todo el área mediterránea, rectificar los hechos fabulosos que iban cuajando en un mito. A pesar de ello se puede extraer de este texto el eco del ambiente revolucionario de los siglos anteriores. En el curso de nuestro estudio hemos ya mencionado cómo distinguimos los dos tiempos de la crisis que tuvieron lugar en Oriente, fundándonos en su opinión: se habían apoderado los sarracenos de Siria y de Mesopotamia más por la subversión que por actos de guerra. Asimismo había ocurrido en España cuando la invasión: más había sido destrozado el país por el furor intestino que por la acción del enemigo:

849 Dun por supranomatos missos Spania vastaretur, et niMium, no solum hostilí, verum etiam intestino furore, confligeretur.

Por otra parte vivía el autor cristiano en un ambiente hostil que se propagaba con fuerza extraordinaria. En el siglo X la divergencia que separa a los españoles ha alcanzado formas irreductibles e irreversibles. Dos religiones, dos civilizaciones se enfrentan. Entonces impresionado por la riqueza material e intelectual de los musulmanes, .. Un espíritu de tolerancia se trasluce bajo su pluma. El genio del “primer renacirniento” empieza a cuajar. Por esta razón la Crónica latina anónima es un signo precursor de tiempos nuevos. Pero no se alcanza su testimonio, si no se la sitúa en su siglo y en su contexto histórico.

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De EGF: el mito de POITIERS, resumen:
En el contexto de esas claras revueltas sociales —de tinte indudablemente religioso-, Carlos Martel, rey de los francos, entabló batalla con Eudo de Aquitania. No parece, por lo tanto, que se trate del rechazo a una invasión, sino una guerra vecinal como tantas otras en Europa. Como las de la antigua Hispania, o el Al Ándalus de entonces. Vence Martel, y entre Tours y Poitiers, en 732, tiene lugar una batalla en la que muere —como decimos— al-Gafiqi, pero no se recuerda con muchas bajas. Más bien como un doloroso peregrinar de vuelta por el camino llamado Balat al-shuhadá —la calzada de los mártires. Por lo que, pese a la trascendencia mítica del pretendido parón al Islam, en Poitiers debió pasar algo más para justificar el recuerdo de un largo camino a casa.
Con anterioridad a 732 se estaba produciendo algún tipo de revuelta social en el Sur de Francia. Un año antes, 731, masas de población entraron en el emblemático monasterio de San Martín de Tours, destruyéndolo.

Las referencias francas hablan de la victoria de Carlos Martel y el repliegue de los invasores más allá —más acá, para nosotros— de los Pirineos, con Mujeres, niños, e impedimentas. ¿Qué intervención militar es ésta? ¿No será el rechazo a una emigración masiva —con mujeres y niños— ante unas hambrunas o guerras civiles en el siglo VIII que presionaron a la población hasta preferir la incertidumbre de pasar los Pirineos? Quizas Poitiers marque la fecha de una deportación.. ¿Dónde está ahí la caballería islámica?
Poitiers se recuerda en las crónicas como algo mucho más doloroso que una de tantas algaradas perdidas. Por lo que su significado final debe ir referido a un drástico movimiento demográfico.

La obsesión cronística por relatar acontecimientos en Francia; la tragedia de la vuelta de Poitiers... ¿no nos estarán contando otra vez la llegada de los godos a Hispania?
el registro en las crónicas del tránsito demográfico inesperado tras Poitiers —732, la calzada de los mártires— más bien parece un recuerdo superpuesto de la vieja y trascendental batalla de Vouillé—507— en que los francos empujaron a los godos a pasar los Pirineos en dirección a Hispania.. Y el salto —que en breve relataremos— de al-Saluli y después Ben Qatan al Magreb, más parece la Historia de Genserico, el vándalo.

Fin anexo sobre POITIERS
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