Foro sobre historia disidente de la Version Oficial y foro sobre neoruralidad y la Revolucion Integral inspirada en los estudios de Felix Rodrigo Mora.

2. Anexo: Textos y documentos. Su critica y conclusiones.

Aqui se muestra la critica a las fuentes: aquellos documentos, las cronicas cristianas y musulmanas que los historiadores han estado usando para demostrar que hubo una invasion árabe de Hispania... y los documentos y relatos que vendrian a refutarla.

Moderadores: Historia, Ann.Onime

2. Anexo: Textos y documentos. Su critica y conclusiones.

Notapor 711 » 2010 05 04, 12:45

El orden de lo publicado es el que se indica en los titulos de esta seccion. Este es el mensaje 2, el anexo..
Es preferible que lea antes el primero



resumen



Sobre Isidoro de Sevilla y cierta obra suya: …es indigna de haber sido escrita por el famoso sabio. Apenas hubiera podido decir menos, si no hubiera escrito nada” (p. 19).
Hemos apuntado en el texto que San Isidoro debía de tener algún complejo o estar sujeto a presiones que le han impedido hablar con libertad acerca de la herejía arriana en España. Es sencillo: la ignora. …es ¿cómo interpretar este silencio? ¿Debe culparse a la labor de los copistas que pudieran haber suprimido párrafos o juicios incompatibles con la posterior evolución de las ideas o, sencillamente, a voluntad determinada del autor? … contraste manifiesto entre la política religiosa oficial del Estado y el ambiente realmente existente en las poblaciones. Lo único por ahora que nos importa dejar en claro es el siguiente dato incontrovertible: La obra del enciclopedista sevillano en poco o en nada sirve para analizar la evolución de las ideas religiosas en su tiempo y en la España que conoció.

Historia de los francos de Gregorio de Tours
… noticias interesantes que permiten una mayor comprensión del ambiente religioso existente en la península.

Crónica de Juan de Bidara


Vitas sanctorum patrum emeritensium


DOCUMENTOS Y TEXTOS POSTERIORES AL SIGLO VIII
Las monedas
Los numismáticos han descrito monedas que pertenecen al principio del siglo VIII. (Ver nuestra nota 216.) … Llevan éstas generalmente una cruz erguida sobre varios escalones. En el siglo VII la cruz presenta la forma de la tau griega (yo: el famoso “stauros”: maderos, no cruz!!!, la Biblia no menciona nunca una cruz, si no un stauros, un madero. Lo de la cruz es un invento posterior no cristiano). … Las monedas acuñadas en España, como lo afirma su leyenda, no son arábigas, pero son distintas de las visigóticas. El texto está grabado en latín, no en árabe. Son anónimas, pero no mahometanas, pues no hacen referencia alguna al Profeta. Son unitarias. Así se desprende del texto que los numismáticos han leído en una de sus caras. En el anverso llevan una estrella, emblema de los unitarios; el de los trinitarios está formado por el alfa y omega del alfabeto griego (yo: ver simbolos asturianos).

Están de acuerdo los numismáticos en que estas monedas anónimas han sido acuñadas a principios del siglo VIII. Después aparecen monedas bilingües y por fin en el siglo IX modelos similares a los dinares arábigos. … los cristianos de Córdoba tan sólo han sabido de la existencia de Mahoma en el año 850. Si en verdad monedas acuñadas con la fecha de la Héjira circulaban ya por Andalucía antes de que San Eulogio emprendiese su viaje a Navarra, resultaría muy extraordinario que los dichos cordobeses no se hubieran preocupado por los símbolos y las fechas de las que empleaban en su uso diario. Por otra parte demuestra Álvaro de Córdoba en su Indiculus su ignorancia en el manejo de la cronología mahometana. En una obrita publicada en 864, cuenta el Abate Sansón que los cristianos de Córdoba se habían visto obligados a pagar últimamente un impuesto extraordinario de cien mil sueldos de oro. Centum millia solidos. No emplea la palabra dinares. (Apologeticus, Lib. U, 8. Flórez: España sagrada, t. XI, página 385.) No demuestra esto evidentemente que no existieran en estas fechas monedas arábigas hispanas, sino que su uso era poco frecuente en Andalucía Occidental. Por otra parte es probable, visto el proceso diferente de arabización sufrido Por las provincias ibéricas, que la acuñación de las monedas o el empleo de dinares orientales fuesen más frecuentes en el litoral mediterráneo que en el interior de la península.



El tratado de Teodomiro
Cuenta el Moro Rasis en su crónica que Abd el Aziz, hijo de Muza ibn Nosaïr, que había concertado con Teodomiro, gobernador de la provincia levantina, un tratado según el cual se establecía una especie de modus vivendi entre las dos partes. Como el godo se había rendido en un combate, aceptaba el patronato del primero a cambio de la libertad religiosa y del respeto de la persona y de los bienes de sus vasallos. Se comprometía entre otras capitulaciones a pagarle un tributo anual. Miguel Casiri (1710 1791) ha publicado en su Biblioteca arábigo hispana escurialensis (1750-70) el texto de este tratado, extraído del Diccionario biográfico del escritor murciano, Adh-Dhabbi, muerto en 1203. Se esfuerza este autor en corregir los errores y rectificar las omisiones existentes en un trabajo llamado: Cenizas ardientes, escrito por Abu Abd Allah al Momaïdi. El título del libro de Dhabbi es por demás sugestivo: “para satisfarer el deseo de aquel ue realiza investigaciones acerca de la historia de los hombres del andaluz”.
El pacto concluido entre las dos partes ha sido reproducido por Codera en su Biblioteca arábiga hispana (t. III, p. 259) y por Simonet en su Historia de los mozárabes, en el apéndice n.º 1. Mariano Gaspar Remiro en su obra Historia de Murcia musulmana, Zaragoza, 1905, da una traducción del texto algo diferente de la de Simonet.
Ha sido redactado este documento el 5 de abril del año 713. Si es así, puede admitirse como el único testimonio político escrito que poseemos acerca de los acontecimientos ocurridos en el curso de la guerra civil. Sin embargo, cabe preguntar: ¿Qué valor merece un documento redactado en el principio del siglo VIII, del cual no queda sino una copia inserta en una obra del siglo XII? Según nuestro real saber y entender, punto de vista forzosamente sugestivo, creemos que pueden ser auténticos los términos generales del acuerdo; es decir, las condiciones de la capitulación del gobernador de Levante. Si han existido modificaciones del texto, interpolaciones u omisiones, es probable que hayan más perturbado la forma de su redacción que el fondo de la materia tratada.
En aquellos tiempos no existía rigor alguno científico en la copia de textos más antiguos. Dados los años transcurridos seguía el copista los caprichos de su pluma en la presentación de un texto, sin preocuparle la transformación del ambiente religioso o cultural. En una palabra, respetaría el sentido histórico de lo pactado, pero modernizando el estilo, como diríamos hoy día. Hemos ya mencionado en nuestro estudio actos similares, ocurridos en fechas muy anteriores, cuyas alteraciones nos constan. Así, por ejemplo, es seguro que las firmas de los contratantes han sido arabizadas, pues sabemos de hechos similares realizados en fechas mucho más tempranas. Sea lo que sea, se desprenden de la lectura del texto, tal cual ha llegado hasta nosotros, algunas observaciones importantes:

I. Así reza el preámbulo según la traducción de Simonet: “En el nombre de Dios clemente y misericordioso. Escritura [otorgada] por Abdelaziz ben Muza ben Nosaïr a Theodomiro ben Agobdux, Que se aviene o se somete a capitular, aceptando el patronato y clientela de Dios y la clientela de su Profeta (con quien Alah sea fausto y propicio) con la condición de que no se impondrá dominio sobre él, ni sobre ninguno de los suyos...”, etc.

II. Se desprende de la redacción de este preámbulo una concepción estrictamente unitaria de acuerdo con los términos de la contienda. Ahora bien, existe una repetición de conceptos que induce a la sospecha de una interpolación. Habiéndose invocado el nombre de Dios en las primeras palabras del texto, parece una redundancia una segunda advocación, tanto más que la idea de clientela de Dios va seguida de la de clientela del Profeta; pero, si se advierte que la segunda frase constituye una locución ritual de uso corriente en la sociedad islámica, cabe la sugerencia de una interpolación tardía debida a la fuerza de la costumbre en el copista que escribe en el siglo XII. Así aparece una advocación a la persona del Profeta en un texto redactado a principios del VIII, cuando era desconocida su existencia por aquellas fechas en Andalucía.

III. En la redacción de este protocolo no representa Abd el Aziz ningún poder extranjero, como debiera de aparecer en un documento tan importante si se sigue la historia clásica. Estipula y firma el vencedor en nombre propio. No se hace referencia ni al califa de Damasco, ni al responsable y jefe de la conquista: Muza ibn Nosaïr. Se dice sencillamente que es hijo de un tal Nosaïr, sin estipular su rango como lo hubiera exigido la circunstancia de haber guerreado en su nombre y con sus tropas.
Esto, sea dicho, sin considerar la autenticidad del episodio del que depende el tratado. Ver: Capítulo III y nota 36.

IV. Confirma este documento el contexto que hemos establecido de acuerdo con otros testimonios: Con la muerte de Vitiza, las diversas provincias del reino visigodo, mejor dicho sus gobernadores, se hacen independientes. ¿Era Teodomiro la autoridad suprema de Levante nombrado por el rey difunto? ¿Era partidario de Roderico? ¿Se había pasado de un bando a otro? No lo sabemos. En el documento habla y firma en nombre propio.






Textos que se refieren al adopcionismo
… una fe cristiana extremada, la que llevará a San Eulogio a un martirio suicida, sino porque dentro del campo trinitario en oposición al unitario premusulmán, representan una opinión que hoy día se calificaría de integrista. Sus primeros escritos publicados desde el año 40 en adelante —para el 60 se habrá agotado ya la savia creadora— fueron dirigidos en contra de los unitarios, como los arríanos o los acéfalos, y luego en contra de los musulmanes. Ahora bien, no sólo representan sus ideas lo que se podría llamar la extrema derecha del partido católico; no debe olvidar el lector, como lo advertimos a lo largo de nuestro estudio, que representan una situación ideológica existente en Andalucía occidental. Sería temerario querer extender a la península un estado de opinión que era propio de la capital musulmana: Debía estar, por ejemplo, el Islam mucho más desarrollado en Almería y en el litoral mediterráneo cuyas poblaciones estaban más cercanas de Oriente y por consiguiente más influidas por las ondas invasoras, que en Galicia, en donde el mahometismo por estas fechas era con toda probabilidad una entelequia.





La obra de Esperaindeo
Con fundamento se puede dar al teólogo abate Esperaindeo el título de fundador de la Escuela. Sus más ilustres representantes, como Eulogio y Álvaro, lo han venerado como a un maestro.


La obra de San Eulogio
Perteneció Eulogio a una familia acomodada que vivía en Córdoba en la primera parte del siglo IX. Predispuesto por su temperamento místico, le alcanzó al regreso de su viaje a Navarra (949 950) la verdadera importancia y difusión de las herejías unitarias que dominaban en España, sobre todo en su tierra natal. Para combatirlas se le ocurrió predicar el martirio a las vírgenes cristianas de Córdoba en la descabellada creencia de que la sangre vertida podría detener el proceso de islamización del país, que años antes había con ahínco favorecido Abd al Ramán II. Tuvo esta predicación efectos contrarios y nefastos para la minoría cristiana cordobesa. Ante las revueltas populares motivadas por los actos y los martirios de las vírgenes sacrificadas, la autoridad musulmana le hizo responsable de la alteración del orden público y fue encarcelado. Nombrado arzobispo de Toledo por la fama sin duda alcanzada por sus escritos, no pudo tomar posesión de su cargo, pues acusado de alterar las relaciones entre las dos comunidades religiosas fue condenado por un sínodo provincial y por la justicia del sultán. (Hechos todavía no muy bien esclarecidos dadas las pasiones existentes en aquel entonces y el divorcio cada vez más acentuado que se estableció desde estos años en adelante entre los españoles).
Más tarde, aprovechando las buenas relaciones conseguidas para concertar un tratado con el monarca cordobés, obtuvo Alfonso III el permiso para trasladar el cuerpo del mártir a Oviedo, en donde fue recibido con grandes manifestaciones el 9 de enero de 884. Iba acompañando el féretro un manuscrito con las obras del escritor, copia reproducida acaso mientras vivía o poco después de su muerte; pues sólo transcurrieron veinticinco años entre el fallecimiento de Eulogio y la recepción del códice, el cual ha sido piadosamente conservado hasta nuestros días en la biblioteca de la catedral de Oviedo. … Las noticias que nos da Eulogio, su ignorancia acerca de la existencia de un profeta llamado Mahoma y el revuelo que produjo en el escritor sevillano Juan Hispalensis el anuncio del descubrimiento que le comunica su amigo el viajero, están confirmados por el hecho de que el manuscrito en que están reseñados estos datos es contemporáneo del autor.


La obra de Álvaro de Córdoba
Era este intelectual un mestizo de judío y germano, según él mismo nos lo confiesa: “Eo quod ex Israelis stirpe descendens cuncta mihi glorier dicta...” (carta XVIII, 5) y más lejos: “an ego qui et fide et gente hebreus sum...” Por otra parte, al final de la XX carta de su Epistolario se vanagloria de descender de familia goda. Lo picante del asunto consiste en que vienen a cuento estas confidencias a propósito de sus discusiones con Eleazar que era un germano convertido al judaísmo. Con Eulogio representa Álvaro la postura extrema e intransigente de la minoría cristiana cordobesa. … Indiculus luminosus. …. Ha tenido este libro una influencia importantísima en la formación del mito arábigo entre la minoría cristiana española. Se halla el texto, en los códices anteriormente mencionados. …



La obra del abate Sansón: Apologetiras Sansonis abatis cordubensis …
Juan de Sevilla
Existen dos escritores del mismo nombre que vivieron en Sevilla en la misma época. El uno, más viejo, era obispo de Sevilla: “Joannes Hispalensis sedis Episcopus et metropolitanus”. Firma las actas del Concilio de Córdoba, que tuvo lugar en 839, para condenar las herejías de los acéfalos. Era llamado por los musulmanes Said Almatran y según Jiménez de Rada había escrito en árabe un comentario a las Sagradas Escrituras. Se le ha atribuido, por lo visto sin fundamento, una traducción de la Biblia al mismo idioma. “Sin embargo, escribe Simonet, es de extrañar que en los escritos de los autores mozárabes que florecieron en Córdoba durante el resto del siglo IX, no se halle noticia ni memoria alguna de un prelado y escritor tan insigne.” … ¿Se puede inducir de dicho silencio que el prelado arabista representaba una opinión política que no compartían los intransigentes mozárabes cordobeses?
Conocemos mejor la personalidad de Juan de Sevilla, escritor laico y casado, el cual mantuvo una correspondencia y una controversia teológica con Álvaro de Córdoba. Dos de sus cartas dirigidas a Álvaro se han conservado en su Epistolario. En la sexta va añadido un breve resumen de la biografía de Mahoma, encontrada por Eulogio en Leyre, de la que por lo visto recibió un extracto o dicho resumen del viajero. Tanto le impresionó que fue motivo de intercambio de pareceres entre los dos escritores, el sevillano y el cordobés. Reviste el hecho para nuestras tesis una importancia extraordinaria, porque confirma el asombro sentido por Eulogio en Leyre. No se trataba de una opinión particular. Igual era la ignorancia que se tenía de Mahoma, tanto en Córdoba como en Sevilla.
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Re: 2. Anexo: Textos y documentos. Su critica y conclusiones

Notapor Historia » 2012 02 03, 12:37

Conocemos la historia de Al Ándalus a través de crónicas posteriores a los 800. Alrededor de ciento cincuenta años después de la supuesta conquista o inicio de invasiones. Con un poder central islámico en proceso de constitución en torno a Córdoba, se escribirá la Historia enfocándola al presente del cronista. En cualquier caso, no hay historiador árabe que ose remitir a hecho alguno relevante, o producción cultural destacable en Al Ándalus anterior a los alrededores de 850.

extraido de de los estudio de Emilio G Ferrin, arabista y porfesor de la universidad de Sevilla


" Uno de los grandes mixtificadores de Al Ándalus es el insigne Ibn Hazm, genial autor de El collar de la paloma. Habría que hacer un estudio freudiano —o lacaniano, más específicamente— de este intelectual sin par en la historia de España.... ... De su obsesión por ser árabe. Por ser rubio, pálido, ojos claros. De la mano de sus colegas —el etéreo círculo de los llamados estetas de Córdoba-. Por las calles de una capital en fase de berberización —ahora sí. De oscurecimiento de piel. Eso que tanto horrorizaba a Ibn Hazm —de nuevo— dada su obsesión por ser árabe. Luego entonces, ¿no lo eran todos?
§ 4. Así las cosas, este señor —por tercera y última vez—, obsesionado por que su sangre proviniese de estirpe árabe —la obsesión omeya—, nos sorprende con la única fuente realmente fiable —¿de veras?— de los orígenes árabes de todo lo andalusí: Tratado de los multitudinarios linajes árabes. Y los investigadores del tratado —en cuyo título ni siquiera aparece lo andalusí; no existe como ente diferenciable— acuden a sus páginas como a un atlas para saber de dónde venía la población de cada terruño andalusí.
¿Que un pueblo se llama —pongamos por caso— Zenata? Pues sencillo; es que provenía su población de las cabilas bereberes de los zeneta. Y nos quedamos todos tan panchos. En esa interpretación del mundo, todas las Córdoba de América fueron en su origen sedimento de emigración cordobesa. El de Ibn Hazm es un mapa, sí. Podemos acudir a él como acudimos al mapa que incluye J.R. Tolkien en el proemio de El señor de los anillos. Para no perdernos en la novela andalusí.
§ 5. Por otra parte, colateralmente nos afecta también cuanto el historiador por excelencia —Ibn Jaldún, 1332-1406— escribió para ilustrar la comprensión de la Historia en bloque —es el padre de la filosofía de la Historia— o cuanto escribió para avalar su teoría política de la platónica sociedad perfecta. Así, en
su monumental Historia de las experiencias*^, podemos encontrar ambas ilustraciones-, en el tomo inicial —célebre introducción conocida como la Muqaddima o Prolegómenos— desarrolla su teoría política, de imperdonable lectura por todo historiador o sociólogo que se precie. Pero a lo largo de los volúmenes siguientes, nomadiza —permanentemente y a perpetuidad— al árabe.
Este pensador de lo social no puede hacer menos: su leviatánico tratado nos ofrece básicamente los términos del contrato entre pueblo sumiso y líder carismático que basa su poder en la firmeza, así como el poder del pueblo en la textura de cohesión social —asabiya. Su ciudad ideal es la no-ciudad. La caravana, el oasis de sinceridad primitivista, auténtica.
§ 6. Ibn Jaldún ... Este historiador, tunecino de ascendencia sevillana, avezado ciudadano de la segunda mitad del 1300, desencantado de polis y politesse, plantea que la esencia del estado islámico es lo árabe, que árabe es equivalente a beduino, y beduino equivale a beréber. En ese momento, acaba de preparar el caldo de cultivo de la propaganda norteafricana. No: el islam es esencialmente sedentarización urbana. No; los árabes de la península Arábiga no son los tuareg norteafricanos. Y —por último y definitivo—: las dinastías norteafricanas —almorávides y almohades— son un elemento absolutamente exótico en el islam.
Queda admitido que todo autor posterior —en este caso, el imprescindible Ibn Jaldún— deba contar con los contigentes bereberes y con las dinastías norteafricanas invasoras —almorávides, almohades, benimeriníes y demás— como una absoluta normalización de lo árabo-islámico posterior al año 1000. Pero admítase con ello que las dinastías norteafricanas cambian la estructura social del islam —hecho de algún modo discutible— y de Al Ándalus —indiscutible. Imprimirán carácter, sin duda; pero son un componente exógeno. Su tipología no nos sirve Para comprender la de norte de África del 700.

La propaganda norteafricana
Por lo tanto, podemos deducir abiertamente que la muy posterior propaganda norteafricana incide en esa tuaregización de todo, movida por la natural inclinación legitimista de unas dinastías que desde el desierto se hacen con las urbes del norte y pasan a Al Ándalus como conquistadores. Desde 1086 hasta 1232, tal propaganda impregna toda crónica redactada a ambos lados del Estrecho. Muy especialmente los almohades —desde mediados de 1100— procederán sistemáticamente a justificar su invasión.
Puesto que somos musulmanes—dirán en su defensa— y aquí había musulmanes, esto no es una invasión. La afirmación anterior es una de las grandes falacias interpretativas en la historia de Al Ándalus. ¿Es menos cruenta la invasión alemana de Polonia por coincidir en la religión; la napoleónica de media Europa7 Seguimos, en ese caso, anclados en la estupidez de las identidades religiosas. Bueno, es que el islam es diferente. Y se completa, así, la estupidez con la falacia ya explicada de la alienante matriz islámica.
A partir del asentamiento norteafricano en un Al Ándalus insólitamente re-enganchado a lo árabo-islámico por el injerto almorávide y almohade —el empuje castellano previo era imparable—, se repintan los blasones, islamizando en sus crónicas a todos los personajes hispanos. Pero la percepción de lo almorávide era —en el mejor de los casos— aquello de cuerpo a tierra, que vienen los nuestros. Que se lo cuenten al rey de Sevilla, cargado de cadenas por los almorávides y enviado a morir en una cárcel africana. Entre la espada y la pared —y consciente de cuanto se avecinaba—, afirmó aquella celebridad de prefiero ser camellero con los almorávides que porquero con los castellanos. Pero no le dejaron ser camellero; como tampoco al rey zirí de Granada.
El trauma de las invasiones norteafricanas es una de las claves para la esencia andalusí: confieren su indómita especificidad a un mundo previo bastante más etéreo, menos reconocible como estrictamente islámico o árabe. Es una hipótesis sin voluntad de sentar nada, pero puede que ni siquiera hablásemos de Al Ándalus sin la carcasa islamizante de las invasiones almorávide y almohade. El mundo previo peninsular habría quedado reflejado en la Historia —seguimos con hipótesis sin llevar a nada— como una Venecia orientalizada; una Sicilia multicultural sin esencialismo ajeno a lo anterior y posterior.
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